ORGULLO VERSUS HUMILDAD
«El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» (Luc. 14: 11).
Jueves: 16 de abril
FIJA TUS OJOS EN CRISTO
Lee nuevamente Lucas 22: 27. ¿Cuál es el mensaje clave de este texto para los seguidores de Cristo?
Lucas 22: 27
27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
En marcado contraste con el deseo de superioridad de los discípulos y su creencia de que eran mejores que los demás, vemos a Jesús, el máximo ejemplo de humildad. Él dijo: «Yo soy entre ustedes como el que sirve» (Luc. 22: 27). Jesús satisfacía cada día las necesidades de quienes lo rodeaban porque estaba lleno de compasión y veía a las multitudes como ovejas sin pastor. Él sabía que la humanidad lo necesitaba más que ninguna otra cosa, aunque pocos se daban cuenta de ello. Jesús renunció al Cielo para morir por la humanidad con la esperanza de que comprendiéramos su acto de gracia y respondiéramos a su invitación a relacionarnos con él.
Lee Filipenses 2: 3 al 8. ¿Qué nos dice este texto acerca de cómo debemos vivir a la luz de la Cruz?
Filipenses 2: 3-8
3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Jesús lo hizo y lo soportó todo. Cuando nos detenemos a reflexionar acerca de ello, percibimos inevitablemente nuestra impureza y nuestra extrema necesidad de él.
Cuando lo contemplamos, todo lo demás, especialmente nosotros mismos y nuestra propia presunta grandeza, palidece hasta volverse completamente insignificante. Quién es Jesús, qué hizo y cuánto ama a su Creación se convierte en la portada y el centro de todo. El orgullo seguramente desaparecerá cuando lo contemplemos a él.
Jesús. Cuán hermoso y poderoso nombre. Él es la personificación de la humildad. Cuando nuestros corazones se abren de par en par para aprender acerca de él, cuando entendemos lo que ha hecho por nosotros, y cuando permitimos que sus palabras de vida penetren en nuestra mente, nos damos cuenta de cuán orgullosos y miserables somos. Si sus propios discípulos, quienes vivieron con él y aprendieron de él, lucharon contra el orgullo, no podemos engañarnos pensando que somos diferentes. Solo podemos crecer en nuestra relación con Jesús cuando somos humildes.
Dedica tiempo ahora mismo a tu relación con Dios. Toma tu Biblia, un bolígrafo y una hoja de papel, y busca un lugar tranquilo, quizás al aire libre. Invita a Dios a que enternezca tu corazón y hable a tu mente. Escribe el Salmo 138, palabra por palabra. Mientras lo haces, ¿qué palabras llaman especialmente tu atención?
Comentarios Elena G.W
Muchos son espiritualmente débiles porque se miran a sí mismos en lugar de mirar a Cristo… Cristo es el gran almacén del cual podemos extraer en cada ocasión fortaleza y felicidad. ¿Por qué, entonces, apartamos los ojos de su suficiencia para contemplar nuestra debilidad y lamentarnos por ella? ¿Por qué nos olvidamos de que él está listo para ayudarnos en todo momento de necesidad? Lo deshonramos cuando hablamos de nuestra ineficiencia. En lugar de mirarnos a nosotros mismos, contemplemos constantemente a Jesús, siendo cada día más semejantes a él, más y más capaces de hablar de él, mejor preparados para aprovecharnos de su bondad y su auxilio, y para recibir las bendiciones que nos ofrece. Al vivir así en comunión con él nos fortaleceremos con su fuerza, y seremos de ayuda y bendición para quienes nos rodean.
Cristo ha hecho toda provisión para que seamos fuertes. Nos ha dado su Espíritu Santo, cuyo oficio es recordarnos todas las promesas que Cristo ha hecho, para que tengamos paz y una dulce sensación de perdón. Si tan solo mantenemos los ojos fijos en el Salvador y confiamos en su poder, seremos llenados de una sensación de seguridad, pues la justicia de Cristo llegará a ser nuestra justicia…
Cuando las tentaciones os asalten, como ciertamente ocurrirá, cuando la preocupación y la perplejidad os rodeen, cuando, desanimados y angustiados, estéis a punto de entregaros a la desesperación, mirad, oh, mirad hacia donde visteis con el ojo de la fe por última vez la luz, y la oscuridad que os rodee se disipará a causa del brillo de su gloria. Cuando el pecado luche por enseñorearse de vuestra alma y abrume la conciencia, cuando la incredulidad nuble la mente, acudid al Salvador. Su gracia es suficiente para dominar el pecado. Él nos perdonará y nos hará gozosos en Dios.
Dios quiere que se expandan nuestras mentes… Hemos de ser uno con Cristo como él es uno con el Padre. Y el Padre nos amará como ama a su Hijo. Podemos tener la misma ayuda que tuvo Cristo, podemos tener fortaleza para cada emergencia, pues Dios será nuestra vanguardia y nuestra retaguardia. Nos protegerá por todos lados (La maravillosa gracia de Dios, 8 de septiembre, p. 259).
Dios ha hecho mucho para posibilitarnos la libertad en Cristo, para libertarnos de la esclavitud de los malos hábitos y de las malas inclinaciones. Queridos jóvenes amigos, ¿no os esforzaréis por ser libres en Cristo? Señaláis a este y a aquél cristiano profeso diciendo: «No tenemos confianza en ellos. Si sus vidas son ejemplos de cristianismo, no queremos nada de ellos». No miréis a los que os rodean. Mirad, en vez de a ellos, a nuestro ejemplo perfecto, el hombre Cristo Jesús. Contemplándolo seréis cambiados a su imagen (Nuestra elevada vocación, 23 de enero, p. 31).


