Lunes 25 de mayo – DESAFÍOS EN MI RELACIÓN CON DIOS – EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY

EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY

«Jamás olvidaré tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy; sálvame porque he buscado tus mandamientos» (Sal. 119: 93, 94).

Lunes: 25 de mayo

DESAFÍOS EN MI RELACIÓN CON DIOS

La Biblia contiene numerosos mensajes acerca de nuestra relación con Dios y de los obstáculos que nos impiden crecer en Cristo. Considera las siguientes declaraciones de Pablo y de Jesús:

«Así, el que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Cor. 10: 12). Como en el caso de Sansón, la autosuficiencia te hará caer.

«No toques trompeta ante ti, como hacen los hipócritas […] para ser honrados por los hombres» (Mat. 6: 2). Deja de decir a todo el mundo cuán bueno eres. Sé humilde como Jesús.

«Pero yo les digo: “El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti”» (Mat. 5: 28, 29). Haz lo que sea necesario para erradicar la lujuria de tu corazón, pues esta es un obstáculo para tu relación con Dios.

«No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzgan, serán juzgados» (Mat. 7: 1, 2). Deja de criticar y de juzgar a los demás. Dios es el Juez. No pretendas ocupar su lugar (1 Cor. 4: 5).

«Pero yo les digo: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen”» (Mat. 5: 44). No odies a tus enemigos. Cuando albergas sentimientos negativos contra quienes te tratan mal, esto erige instantáneamente una barrera que obstaculiza tu relación con Dios. En lugar de eso, ora por tus enemigos, y verás cómo cambia tu relación con Dios y con los demás.

«Pero yo les digo: “Cualquiera que se enoje con su hermano será culpado del juicio”» (Mat. 5: 22). Tal vez creas que es correcto enojarte con quienes te rodean. ¿Cómo está afectando tu enojo tu relación con Dios y con los demás? Estas son solo algunas cosas que nos hacen tropezar.

Jesús nos dijo qué debemos hacer metafóricamente si nuestras manos, pies y ojos son instrumentos del pecado. ¿Qué nos aconsejó? Lee Marcos 9: 42 al 48.

 

Marcos 9: 42-48

42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. 43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Amputarse una mano o un pie o extirparse un ojo a causa del pecado es sin duda una metáfora extrema. El hecho de que Jesús la usara muestra cuán grave era, en su opinión, el pecado y su impacto en nuestra vida. ¿Cuán grave lo consideras tú?

Comentarios Elena G.W

Nuestro Señor está en conocimiento del conflicto de su pueblo en estos últimos días con los instrumentos satánicos combinados con hombres malignos que desprecian y rechazan esta gran salvación. Con la mayor sencillez y candor, nuestro Salvador, el poderoso General de los ejércitos del cielo, no oculta el terrible conflicto que tendrán que experimentar. Señala los peligros, revela los planes de batalla y pone de manifiesto la obra dura y pesada que debe realizarse, y entonces eleva su voz antes de entrar en el conflicto para que contemos el costo mientras que al mismo tiempo anima a todos a tomar las armas de su panoplia, y espera que la hueste celestial ordene los ejércitos para combatir en defensa de la verdad y la justicia. La debilidad del hombre encontrará fortaleza y ayuda sobrenaturales en cada conflicto duro para hacer las obras de la Omnipotencia, y perseverancia en la fe, y perfecta confianza en Dios, que le asegurarán el éxito.

Mientras la confederación del mal se apresta contra ellos, Dios los insta a ser valientes y fuertes, y a luchar con valor, porque tienen un cielo que ganar, y tienen a más de un ángel en sus filas, y el poderoso General de los ejércitos conduce las huestes del cielo. En la conquista de Jericó ninguno de los ejércitos de Israel pudo jactarse de haber empleado su limitada fuerza para derribar las murallas de la ciudad, ya que el Capitán de las huestes del Señor hizo los planes de esa batalla con la mayor sencillez, de modo que solo el Señor recibiera la gloria y no se exaltara al hombre. Dios nos ha prometido todo poder, «porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que estáis lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare».

La fe es el poder viviente que derriba toda barrera, arrasa todo obstáculo, y planta el estandarte en el corazón del campamento enemigo (Sons and Daughters of God, p. 202; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 14 de julio, p. 204).

Al conocernos cabalmente a nosotros mismos, y combinando nuestra firme decisión con la gracia de Dios, podremos ser vencedores y llegar a la perfección en todas las cosas sin que nada nos falte.

Las circunstancias adversas deberían crear una firme determinación de vencerlas. El quebrantar una barrera dará mayor habilidad. y valor para seguir adelante. Avanzad con determinación en la debida dirección, y las circunstancias serán vuestros ayudadores, no vuestros obstáculos.

El carácter cristiano está señalado por una singularidad de propósito, una determinación indomable, que rehúsa someterse a la influencia mundana, y que no tratará de alcanzar nada menos que la norma bíblica… La consagración del seguidor de Cristo debe ser completa… Debe estar dispuesto a soportar paciente, alegre y gozosamente todo lo que en la providencia de Dios sea llamado a sufrir. Su recompensa final será compartir con Cristo el trono de gloria inmortal (God’s Amazing Grace, p. 225; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 5 de agosto, p. 225).

Elena G.W

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