Martes 20 de octubre – Funciones de los profetas del Nuevo Testamento – Profetas del Nuevo Testamento

Profetas del Nuevo Testamento

«Ahora bien, hay diversos dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversas actividades, pero Dios, que efectúa todas las cosas en todos, es el mismo» — 1 Corintios 12:4-6

Martes: 20 de octubre

Funciones de los profetas del Nuevo Testamento
¿Qué nos dicen 1 Corintios 14:3, Efesios 4:11-13 y Apocalipsis 22:6 sobre la función de los profetas del Nuevo Testamento?
1 Corintios 14:3 — RV603 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.
Efesios 4:11-13 — RV6011 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Apocalipsis 22:6 — RV606 Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

A pesar de su utilidad, estos versículos no presentan una visión completa de la tarea de los profetas del Nuevo Testamento. Sin embargo, gran parte de lo que hicieron refleja lo que fue también la labor de los profetas del Antiguo Testamento. Este hecho demuestra la continuidad del don profético.

La profecía aparece en 1 Corintios 12:10 entre otros dones espirituales. En la metáfora del cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:27-28) se menciona a los profetas después de los apóstoles, quienes también recibieron revelaciones de Dios. Según 1 Corintios 14:3, «el que profetiza habla a los hombres para edificar, exhortar y consolar».

Efesios 4:11-13 enumera un conjunto de dones espirituales similar al que aparece en 1 Corintios 12. Los profetas son mencionados entre los apóstoles, evangelistas, pastores y maestros (Efe. 4:11). La tarea de estas personas consiste en «perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Efe. 4:12-13). Como se ve aquí y en otros lugares, Jesús es el centro del mensaje.

El libro de los Hechos habla de dos profetas, Judas y Silas (ninguno de los cuales escribió un libro en la Biblia), que «consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra» (Hech. 15:32). Aunque es cierto que, en ocasiones, los profetas tienen que pronunciar advertencias, incluso severas, también ofrecen, dependiendo de las circunstancias, palabras de aliento, especialmente en tiempos difíciles, palabras que sin duda fueron muy apreciadas por quienes necesitaban escucharlas, por la esperanza y la promesa que contenían.

Alentar a las personas también es una obra mencionada en el contexto de la profecía (1 Cor. 14:31). En tiempos de tribulación y persecución, el don profético ha sido una fuente de aliento y esperanza.

En Apocalipsis 22:6, Jesús se presenta como «el Señor Dios, que inspira a los profetas», cuyas «palabras son ciertas y verdaderas». Por supuesto, todo lo que proviene de los siervos de Dios, cuando hablan en nombre de él, también es «cierto y verdadero». En un mundo tan poco confiable, podemos confiar en lo que dicen los profetas del Señor, especialmente en las Escrituras, nuestra autoridad final y definitiva.

Comentarios Elena G.W

Los talentos que Cristo confía a su iglesia representan especialmente las bendiciones y los dones impartidos por el Espíritu Santo. “A este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu, a otro, fe por el mismo Espíritu, y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; a otro, operaciones de milagros, y a otro, profecía, y a otro, discreción de espíritus; y a otro, género de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere”. 1 Corintios 12:8-11. Todos los hombres no reciben los mismos dones, pero se promete algún don del Espíritu a cada siervo del Maestro.

Antes de dejar a sus discípulos, Cristo “sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo”. Otra vez dijo: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros”. Juan 20:22; Lucas 24:49. Sin embargo, este don no fue recibido en su plenitud hasta después de la ascensión. No fue recibido el derramamiento del Espíritu hasta que, mediante la fe y la oración, los discípulos se consagraron plenamente para efectuar la obra de Cristo. Entonces, en un sentido especial, los bienes del cielo fueron entregados a los seguidores de Cristo. “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres”. “A cada uno de nosotros es dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”, y el Espíritu reparte “particularmente a cada uno como quiere”. Efesios 4:8, 7; 1 Corintios 12:11. Los dones ya son nuestros en Cristo, pero su posesión verdadera depende de nuestra recepción del Espíritu de Dios.

La promesa del Espíritu no se aprecia como se debiera. Su cumplimiento no se comprende como se podría. La ausencia del Espíritu es lo que hace tan impotente el ministerio evangélico. Se puede poseer sabiduría, talentos, elocuencia, todo don natural o adquirido; pero sin la presencia del Espíritu de Dios no se conmoverá a ningún corazón ni ningún pecador será ganado para Cristo. Por el otro lado, si están relacionados con Cristo, si los dones del Espíritu son suyos, los más pobres y los más ignorantes de sus discípulos tendrán un poder que hablará a los corazones. Dios los convierte en los instrumentos que ejercen la más elevada influencia en el universo— Palabras de vida del gran Maestro, pp. 262, 263

Elena G.W

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