Martes 24 de marzo – PERFECTOS Y COMPLETOS – PERMANECER EN TODA LA VOLUNTAD DE DIOS

PERMANECER EN TODA LA VOLUNTAD DE DIOS

“Den gracias por todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18).

Martes: 24 de marzo

PERFECTOS Y COMPLETOS

Numerosos libros han sido escritos acerca de la vida con propósito y la iglesia con propósito. Aunque la expresión “impulsada por un propósito” no sea del todo correcta, un claro “enfoque en el propósito” es vital para llevar a cabo cualquier empresa significativa. La vida y el ministerio de Pablo, así como el de sus colaboradores y los demás apóstoles, son un ejemplo de este enfoque (ver Fil. 3:13, 14). Los resultados hablan por sí mismos: el evangelio se extendió rápidamente por todo el Imperio Romano y más allá (Col. 1:23). El mismo enfoque es necesario hoy.

Lee Colosenses 4:12, 13. ¿Qué propósito es presentado aquí y cómo es posible lograrlo?

 

Colosenses 4:12-13

12 Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. 13 Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que están en Hierápolis.

Como fue mencionado en una lección anterior, Epafras probablemente contribuyó a la difusión del evangelio en Colosas y en las ciudades cercanas de Hierápolis y Laodicea (ver la lección 1). Sus saludos y sus oraciones por estas iglesias fueron sin duda de gran aliento para los creyentes. Las oraciones de Epafras tenían un objetivo claro: que los colosenses se mantuvieran “firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere” (Col. 4:12). Consideremos más detenidamente los importantes componentes de esta oración.

Mantenerse firmes. La palabra así traducida significa permanecer inconmovibles, lo cual solo es posible estando “fundados y firmes” en la fe y seguros de la verdad del evangelio (Col. 1:23). Pablo emplea la misma palabra varias veces en referencia a la batalla contra “las artimañas del diablo” (Efe. 6:11) y a la necesidad de resistir a las fuerzas de las tinieblas mediante el poder divino, vistiendo “toda la armadura de Dios” (Efe. 6:10-18; comparar con 2 Tim. 2:19).

Perfectos. La palabra se refiere a la perfección de carácter que encuentra su máxima expresión en el amor abnegado (Mat. 5:44, 48) de quienes nunca afirmarán haberlo ya “alcanzado” (Fil. 3:12-15).

Completos. Esta poderosa palabra significa satisfacer plenamente o hacer que algo alcance su medida precisa, como cuando Abraham estuvo “plenamente convencido” de que Dios haría lo que había prometido, aunque ello fuera humanamente imposible (Rom. 4:21), y cuando Pablo fue fortalecido por el Señor para que “se cumpliera la predicación” por medio de él (2 Tim. 4:17).

Todo lo que Dios quiere. La palabra “todo” es amplia. El propio Pablo oró para que los colosenses se llenaran del conocimiento de la voluntad de Dios, “para que anden como es digno del Señor, a fin de agradarlo en todo” (Col. 1:9, 10) mediante “la potencia de su gloria” (Col. 1:11).

Comentarios Elena G.W

El Infinito, el único que puede producir orden y belleza del caos y confusión de la oscuridad de la naturaleza, puede subyugar el rebelde corazón del hombre y poner su vida en conformidad con la voluntad divina. Su Espíritu puede aplacar el temperamento rebelde…

Día tras día estamos edificando caracteres, y edificamos para la eternidad. Dios desea que nosotros, en nuestra vida, demos un ejemplo a la gente del mundo de lo que debiera ser, y de lo que puede ser por la obediencia al evangelio de Cristo. Coloquémonos en las manos de Dios para que nos trate como a él le parezca mejor… «Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios». 1 Corintios 3:9. Si edificamos en cooperación con Dios, la estructura que levantamos día tras día crecerá más bella y más simétrica bajo la mano del Maestro edificador y perdurará toda la eternidad.

La santificación es una obra progresiva. Es una obra continua que eleva más y más a los seres humanos. No deja atrás al amor, sino que la atrae como la misma esencia de la vida cristiana.

Cristo nos dice: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto». Mateo 5:48. Él es nuestro ejemplo. Durante su vida terrenal, siempre fue bondadoso y gentil. Su influencia fue siempre fragante, pues en él moraba el perfecto amor. Nunca era agrio ni intratable, y nunca transigía con el error para obtener un favor. Si tenemos su justicia, seremos como él en gentileza, en tolerancia, en amor desinteresado. Morando en la luz del sol de su presencia, ¿no seremos ablandados por su gracia?

Honremos nuestra profesión de fe. Adornemos nuestra vida con bellos rasgos de carácter. La aspereza en el habla y en las acciones no es de Cristo sino de Satanás. Al aferrarnos de nuestras imperfecciones y deformidades, ¿haremos que Cristo se avergüence de nosotros? La gracia de Cristo nos es prometida. Si la recibimos, embellecerá nuestra vida… La deformidad será reemplazada por la bondad y la perfección. Nuestras vidas poseerán el ornamento de las gracias que tanto hermosearon la vida de Cristo (In Heavenly Places, p. 31; parcialmente en En los lugares celestiales, 25 de enero, p. 33).

El Señor Jesús actúa mediante el Espíritu Santo, pues este es su representante. Por medio de él infunde vida espiritual en el ser, avivando sus energías para el bien, limpiándola de la impureza moral, y dándole idoneidad para su reino. Jesús tiene grandes bendiciones para otorgar, ricos dones para distribuir entre los hombres. Es el Consejero maravilloso, infinito en sabiduría y fuerza, y si queremos reconocer el poder de su Espíritu y someternos a ser amoldados por él, nos haremos completos en él. ¡Qué pensamiento es este! En Cristo «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Y vosotros estáis completos en él». Colosenses 2:9, 10. El corazón humano nunca conocerá la felicidad hasta que se someta a ser amoldado por el Espíritu de Dios. El Espíritu conforma el ser renovado al modelo, Jesucristo. Mediante la influencia del Espíritu, se transforma la enemistad hacia Dios en fe y amor, el orgullo en humildad. El ser humano percibe la belleza de la verdad, y Cristo es honrado por la excelencia y perfección del carácter. Al efectuarse estos cambios, prorrumpen los ángeles en arrobado canto, y Dios y Cristo se regocijan por las almas formadas a la semejanza divina (Mensajes para los jóvenes, p. 39).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas