Miércoles 25 de marzo – VIVIR EN EL MUNDO SIN PERTENECER AL MUNDO – PERMANECER EN TODA LA VOLUNTAD DE DIOS

PERMANECER EN TODA LA VOLUNTAD DE DIOS

“Den gracias por todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18).

Miércoles: 25 de marzo

VIVIR EN EL MUNDO SIN PERTENECER AL MUNDO

Lee Colosenses 4:14, 15 y 2 Timoteo 4:10, 11. ¿En qué se distinguía Lucas de Demas y por qué?

 

Colosenses 4:14-15

14 Os saluda Lucas el médico amado, y Demas. 15 Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.

 

2 Timoteo 4:10-11

10 porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. 11 Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio.

El apóstol Juan nos dice: “No amen al mundo, ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15). El amor de Lucas por Jesús y su reino lo llevó a permanecer junto a Pablo hasta el final sin importar lo que ocurriera, mientras que Demas amaba más este mundo que el venidero.

Lee los siguientes pasajes. ¿Qué consejo se da a los que esperan la Segunda Venida?

 

Marcos 13:32–37

32 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. 33 Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. 34 Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. 35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; 36 para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. 37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.

 

Tito 2:11–14

11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, 14 quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

 

2 Pedro 3:10–14

10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. 14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

 

Apocalipsis 3:17–21

17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. 20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. 21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

Jesús y los apóstoles nos advierten con frecuencia que “velemos”, que estemos alerta y preparados en todo momento para que la venida del Maestro no nos tome por sorpresa. Lamentablemente, al igual que los discípulos que no hicieron caso al mandato de Jesús de “velar y orar” (Mar. 14:38), muchos no harán los preparativos necesarios. Todo se reduce a quién o qué es dueño de nuestro corazón, ya que no podemos servir a dos señores.

En el mensaje a Laodicea, Jesús nos da una receta clara. Primero, debemos arrepentirnos de nuestros pecados. Segundo, debemos abrir nuestros corazones a Jesús y dejar que él tome el control. Tercero, como resultado de lo anterior, recibir el “oro” de la fe y el amor, probados y victoriosos sobre la tentación.

¿De qué cosas específicas podría estar pidiéndote Jesús que te arrepientas? ¿Qué parte de su triple receta necesitas más?

Comentarios Elena G.W

Daniel era un estadista en Babilonia… Por su servicio fiel enseñó a los babilonios que su Dios era un Dios viviente, no una imagen como las que ellos acostumbraban adorar. Era el plan de Dios demostrarles a los babilonios que había un Rey que estaba por encima del rey de  Babilonia y que era el Dios al cual adoraban los jóvenes hebreos. Estos jóvenes enaltecieron a Dios. Sabían que debían practicar los principios de verdad, por consiguiente, rehusaron la carne de la vianda real y el vino de la bodega del palacio. La abstinencia, por parte de estos jóvenes, de la dieta común, estableció una distinción entre la apariencia de ellos y la de los otros mancebos que optaron por ser indulgentes en sus apetitos.

Muchos hicieron comentarios, pero estos jóvenes fueron fieles aún en las cosas pequeñas. Y la apariencia física de ellos resultó mucho mejor que la de los otros que se sentaban a la mesa del monarca. La dieta sencilla mantenía sus mentes despejadas. Estaban mejor preparados en sus estudios, pues nunca experimentaron la pesadez producida por las viandas lujosas. Se encontraban en mejores condiciones físicas para realizar su labor, pues nunca enfermaban. Con sus mentes claras podían pensar y trabajar vigorosamente. Por medio de la obediencia a Dios estaban cumpliendo esas tareas que promoverían la fortaleza del pensamiento y la buena memoria. Dios ordenó a Daniel y a sus compañeros que se relacionaran con los grandes hombres de Babilonia para que así conocieran la religión de los hebreos y se diera a conocer que Dios reina por sobre todos los reinos…

Así es como el Señor quiere que los adventistas del séptimo día testifiquen de él. No debieran esconderse del mundo. Deben estar en el mundo, pero no ser del mundo. Deben diferenciarse del mundo en cada actividad que emprendan. Deben manifestar la pureza de sus caracteres, para que el mundo vea que la verdad en la que escrupulosamente creen, los hace honestos en sus relaciones y negocios; se percibirá así que quien cree a la verdad se santifica por ella, que la verdad aceptada y obedecida hace al receptor un hijo o hija de Dios, un hijo del Rey celestial, un miembro de la familia real, una persona fiel, íntegra, honesta y recta, ya sea en las cosas pequeñas de la vida como en las de gran importancia…

Todo lo que sea digno de hacer, ha de hacerse. Seamos fieles en las cosas pequeñas, así como en las tareas que requieren mayores sacrificios. A todos los que siguen el ejemplo de Daniel, no solo profesando la verdad, sino practicándola en plena armonía con los  principios de la temperancia, el Señor les dará un galardón semejante  al que le dio a Daniel (El Cristo triunfante, 1 1 de diciembre, p. 354).

Elena G.W

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