Martes 28 de abril – EL ESTUDIO PROFUNDO DE LA BIBLIA – CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA

CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA

«Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y prosperará en lo que le ordené» (Isa. 55: 11).

Martes: 28 de abril

EL ESTUDIO PROFUNDO DE LA BIBLIA

Aunque no es necesario ser un erudito para estudiar la Biblia, ¿cómo puedes hacerlo en profundidad?

Orar: Es imposible exagerar la importancia de la oración como parte de tu estudio de la Biblia. Elena G. de White dice que no estamos solos cuando leemos la Biblia. Al invitar al Espíritu Santo a ser nuestro guía, rechazamos todas las distracciones y el Enemigo huye. «Nunca se debería estudiar la Biblia sin oración. Solo el Espíritu Santo puede hacernos sentir la importancia de lo que es fácil comprender, o impedir que nos apartemos del sentido de las verdades de difícil comprensión» (El conflicto de los siglos, p. 585).

Leer y escribir: Podría decirse que la acción de escribir marca la diferencia entre la mera lectura de la Biblia y su estudio. Escribir nos ayuda a desacelerar nuestros pensamientos, a reflexionar acerca de la Palabra de Dios y a interactuar con ella a un ritmo que permite la observación, la interpretación, la aplicación y el compromiso. La acción de escribir también contribuye a que nuestras ideas inicialmente dispersas sean puestas en orden y terminen volviéndose acciones concretas durante el día. Además, es más probable que recordemos algo que hemos escrito (Sal. 119: 15, 16). Si no puedes escribir, haz la prueba de leer la Biblia en voz alta, o escuchar su lectura, y eleva luego tus pensamientos a Dios como si se tratara de una oración.

Compartir: Cuéntale a alguien lo que has aprendido. Esto lo consolidará en tu mente y animará a la otra persona.

Elige un libro breve de la Biblia para empezar (por ejemplo, Jonás, Marcos, Filipenses o 1 Juan) y avanza poco a poco. Este es un método sencillo que puedes aplicar a un versículo, a un pasaje o a un capítulo entero:

  1. Ora para que el Espíritu Santo dirija tu mente y sensibilice tu corazón mientras lees.
  2. Elige un versículo o un pasaje más extenso de la Biblia.
  3. Escribe el pasaje o porciones destacadas mientras lees.
  4. Vuelve a leer el pasaje mientras oras mentalmente y subraya las ideas clave.
  5. Escribe lo que te dicen las ideas subrayadas.
  6. Ora acerca de estas ideas pidiendo a Dios que influyan en tu relación con él.
  7. Piensa con quién podrías compartir esto hoy.

«A medida que los hijos de Dios crezcan en la gracia, obtendrán cada vez más clara comprensión de su Palabra, y discernirán nueva luz y belleza en sus verdades sagradas. Esto ha venido sucediendo en la historia de la iglesia a lo largo de todas las edades, y así seguirá siendo hasta el fin» (Elena G. de White, El otro poder, p. 32).

¿Cómo has comprobado que el mensaje de la cita anterior se aplica a ti? Considera también el Salmo 119: 105.

 

Salmo 119: 105

105 Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.

Comentarios Elena G.W

Según la ley de Dios, la fuerza para la mente y el alma, lo mismo que para el cuerpo, se adquiere por medio del esfuerzo. El desarrollo se obtiene por medio del ejercicio. De acuerdo con esta ley, Dios ha provisto en su Palabra los medios necesarios para el desarrollo mental y espiritual.

La Biblia contiene todos los principios que los hombres necesitan comprender, a fin de prepararse para esta vida o para la venidera. Estos principios pueden ser comprendidos por todos. Nadie que tenga disposición para apreciar su enseñanza puede leer un solo pasaje de la Biblia sin obtener de él algún pensamiento útil. Pero la enseñanza más valiosa de la Biblia no se obtiene por medio de un estudio ocasional o aislado. Su gran sistema de verdad no se presenta de tal manera que pueda descubrirlo el lector apresurado o descuidado… Las verdades que forman el gran todo deben ser buscadas y reunidas “un poquito allí, otro poquito allá”. Isaías 28:10.

Una vez buscadas y reunidas, corresponderán perfectamente unas a otras. Cada evangelio es un complemento de los demás; cada profecía, una explicación de la otra; cada verdad, el desarrollo de otra verdad. El evangelio explica los símbolos del sistema judaico. Cada principio de la Palabra de Dios tiene su lugar; cada hecho, su relación. Y la estructura completa, tanto en su propósito como en su ejecución, da testimonio de su Autor. Solo el Ser infinito pudo concebir y dar forma a esa estructura.

Al buscar las diferentes partes y al estudiar su relación, entran en actividad las facultades superiores de la mente humana. Nadie puede emprender ese estudio sin que se desarrolle su mente.

Y el valor intelectual del estudio de la Biblia no consiste solamente en investigar la verdad y descubrir su estructura íntima, sino también en el esfuerzo requerido para abarcar los temas presentados. La mente ocupada solamente con asuntos vulgares se empequeñece y debilita. Si nunca se empeña en comprender verdades grandes y de vasto alcance, después de un tiempo pierde la facultad de crecer. Como salvaguardia contra esa degeneración, y como estímulo para el desarrollo, nada puede igualar al estudio de la Palabra de Dios. Como medio de educación intelectual, la Biblia es más eficaz que cualquier otro libro o que todos los demás libros juntos… Ningún otro estudio puede impartir poder mental como el que imparte el esfuerzo que se realiza para abarcar las estupendas verdades de la revelación. La mente que en esa forma se pone en contacto con los pensamientos del Ser infinito no puede sino desarrollarse y fortalecerse (Reflejemos a Jesús, 28 de mayo, p. 154).

Elena G.W

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