“GUÁRDENSE DE TODA AVARICIA”
“Y les dijo: ‘¡Cuidado! Guárdense de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee’ ” (Luc. 12:15).
Martes: 28 de Febrero
EL CORAZÓN DE JUDAS
Una de las historias más trágicas de la Biblia es la de Judas Iscariote. Este hombre tuvo un privilegio que solo han tenido otras personas una vez en toda la historia del mundo: haber estado con Jesús en persona todo ese tiempo y haber aprendido las verdades eternas directamente del Maestro. Qué triste es que muchos que nunca tuvieron nada ni remotamente parecido a las oportunidades que tuvo Judas se salvarán, mientras que ahora sabemos de Judas que está destinado a la destrucción eterna.
¿Qué sucedió? La respuesta la hallamos en una palabra: codicia, los deseos de su corazón.
Lee Juan 12:1 al 8. ¿Qué hizo María que llamó tanto la atención durante la fiesta? ¿Cómo reaccionó Judas? ¿Por qué? ¿Cuál fue la respuesta de Jesús?
La amable reprensión del Salvador al comentario codicioso de Judas lo llevó a abandonar la fiesta e ir directamente al palacio del sumo sacerdote, donde estaban reunidos los enemigos de Jesús. Ofreció entregar a Jesús en sus manos por una suma mucho menor que el regalo de María. (Ver Mat. 26:14–16 .)
¿Qué le pasó a Judas? Después de tener tantas oportunidades maravillosas, tantos privilegios excepcionales, ¿por qué haría algo tan malo?
Según Elena de White, Judas “amó al gran Maestro y deseó estar con él. Sintió un deseo de ser transformado en su carácter y su vida, y quiso experimentarlo relacionándose con Jesús. El Salvador no rechazó a Judas. Le dio un lugar entre los Doce. Le confió realizar la obra de un evangelista. Lo dotó de poder para sanar a los enfermos y expulsar a los demonios. Pero Judas no llegó al punto de entregarse por entero a Cristo” (DTG 664).
Al fin y al cabo, todos tenemos defectos de carácter que, si nos rendimos, podremos superar mediante el poder de Dios que obra en nosotros. Pero Judas no se entregó completamente a Cristo, y el pecado de la avaricia, que podría haber vencido con el poder de Cristo, lo venció a él, con resultados trágicos.
¿Quién de nosotros no lucha contra la codicia por una cosa u otra? En este caso, lo que codiciaba era el dinero, y esa avaricia, un problema del corazón, lo llevó a robar ( Juan 12:6 ), y finalmente lo llevó a traicionar a Jesús.
Qué terrible lección para todos nosotros sobre el peligro que puede ocasionar la codicia. Lo que parece una cosa pequeña, un simple deseo del corazón, puede llevar a la calamidad y a la pérdida eterna.
Comentarios Elena G.W
Judas poseía cualidades valiosas, pero en su carácter había algunos rasgos que podrían ser extirpados antes que él pudiera salvarse. Debía nacer de nuevo, no de una semilla corruptible sino de una incorruptible. Su gran tendencia heredada y cultivada hacia el mal era la codicia. Y esto, mediante la práctica, se convirtió en un hábito que él hizo intervenir en todas sus transacciones… Tuvo toda oportunidad posible de recibir a Cristo como su Salvador personal, pero rehusó este don. No quiso someter a Cristo sus métodos y su voluntad. No practicó lo que contrariaba sus inclinaciones personales, y por lo tanto su espíritu muy avariento no fue corregido. Mientras continuaba siendo un discípulo exteriormente, y hasta en la presencia misma de Cristo, se apoderaba de los recursos que pertenecían a la tesorería del Señor… Judas pudo haber recibido el beneficio de estas lecciones, si hubiera poseído el deseo de tener un corazón recto; pero su tendencia a adquirir lo venció, y el amor al dinero se convirtió en una fuerza predominante. Mediante la indulgencia permitió que este rasgo creciera en su carácter y arraigara profundamente, a tal punto que desplazó la buena semilla de la verdad sembrada en su corazón (Consejos sobre mayordomía cristiana , pp. 231, 232). [El d]inero constituía una tentación continua para Judas, y de tiempo en tiempo, cuando hacía un pequeño servicio para Cristo o dedicaba un poco de tiempo a propósitos religiosos, se pagaba a sí mismo de los exiguos fondos recogidos para hacer avanzar la luz del evangelio. Finalmente se volvió tan avaro, que se quejó amargamente porque el ungüento derramado sobre la cabeza de Jesús era muy caro. Le dio vueltas al asunto una y otra vez, y calculó el dinero que podría haber sido colocado en sus manos para gastar, si ese ungüento hubiera sido vendido. Su egoísmo se fortaleció hasta que sintió que la tesorería había sufrido verdaderamente una gran pérdida al no recibir el valor del ungüento en dinero. Finalmente se quejó abiertamente de la extravagancia que significaba esta valiosa ofrenda para Cristo. Nuestro Salvador lo reprendió por su codicia. La reprensión irritó el corazón de Judas, hasta que, por una pequeña suma de dinero, consintió en traicionar a su Señor. Entre los guardadores del sábado habrán quienes en su corazón no son más fieles de lo que era Judas (Testimonios para la iglesia , t. 4, págs. 45, 46). Si nos acercamos a Dios, nos acercaremos unos a otros. No podemos acercarnos a la misma cruz sin obtener unidad de espíritu. Cristo oró que sus discípulos resultaron una sola cosa, así como él y el Padre son uno. Deberíamos buscar la unidad de espíritu y entendimiento. deberíamos procurar la unidad para que Dios sea glorificado en nosotros, así como fue glorificado en el Hijo, y Dios nos amará como amó a su Hijo. Dios os ama. No quiere atraeros para causaros daño; ¡Oh, no! Desea consolaros, derramar sobre vosotros el aceite del gozo, sanar las heridas que os ha infligido el pecado, reparar lo que Satanás ha dañado. Desea daros el ropaje de la alabanza a cambio del espíritu de abatimiento ( A fin de conocerle , p. 248).
Elena G.W


