Martes 3 de octubre – EL DIOS QUE SE HIZO UNO CON NOSOTROS

LA MISIÓN DE DIOS EN FAVOR DE NOSOTROS: PRIMERA PARTE

“Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo:’¿Dónde estás?'» (Efe. 1:9, 10).

Martes: 3 de octubre

EL DIOS QUE SE HIZO UNO CON NOSOTROS

El Antiguo Testamento presenta la manera en que el Creador comenzó a implementar un plan mediante un pueblo que debía representar su naturaleza y su propósito ante el mundo. Todo lo que Dios hizo fue conforme a su estrategia misionera. Por medio del profeta Isaías, Dios dijo: “Yo soy Dios, y no hay otro; nada hay semejante a mí, que anuncio el fin desde el principio [..]; que digo: ‘Mis planes se cumplirán, y hago todo lo que deseo’” (Isa. 46:9, 10). Sin embargo, en el Nuevo Testamento, el deseo de Dios de estar con la humanidad adquiere una nueva dimensión. Mediante la encarnación de Cristo, lo que era solo una promesa en el Jardín del Edén (Gén. 3:15) se convierte en realidad.

Lee el relato del anuncio del nacimiento de Jesús en Mateo 1:18 al 23. Qué cosas esenciales nos dice este relato sobre Dios?

 

Mateo 1:18-23

18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. 19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS,[a] porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

«Dios con nosotros». Emanuel. Dios había habitado entre su pueblo en el Santuario, y ahora habitaba con él en la persona física de Jesús de Nazaret. En efecto, con el nacimiento de Jesús, Dios presentó de forma concreta su continuo deseo de estar con nosotros en naturaleza y misión: el Hijo de Dios era plenamente humano y plenamente divino, y es aquel que afirmó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6).

Lee Juan 1:14 al 18. Qué puedes aprender, a partir de la encarnación de Cristo, acerca de la misión de Dios en favor de nosotros?

 

Juan 1:14-18

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Dios siguió adelante con su misión y luego, por medio de Jesucristo, se hizo presente en la carne entre sus hijos. El «unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14) cumplió las profecías del Antiguo Testamento y, según el plan divino, se hizo uno con nosotros, Dios en carne humana. El Dios de la misión seguía cumpliendo su propósito.

Piensa lo que significa que el amor de Dios por nosotros sea tan grande como a para venir a nosotros en nuestra propia humanidad. Cómo debemos responder a este amor, especialmente en cuanto a hacer obra misionera por los demás?

Comentarios Elena G.W

Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era «la imagen de Dios,» la imagen de su grandeza y majestad, «el resplandor de su gloria.» Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra obscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser «Dios con nosotros.» Por lo tanto, fue profetizado de él: «Y será llamado su nombre Emmanuel».

Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres como a los ángeles. Él era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: «Yo les he manifestado tu nombre» —»misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad» «para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos» (El Deseado de todas las gentes, p. 11).

Fue la [de Cristo] una vida de abnegación y preocupación por los demás. Toda alma era preciosa a sus ojos. A la vez que se condujo siempre con dignidad divina, se inclinaba con la más tierna consideración sobre cada uno de los miembros de la familia de Dios. En todos los hombres veía almas caídas a quienes era su misión salvar.

Tal fue el carácter que Cristo reveló en su vida. Tal es el carácter de Dios. Del corazón del Padre es de donde manan para todos los hijos de los hombres los ríos de la compasión divina, demostrada por Cristo. Jesús, el tierno y piadoso Salvador, era Dios «manifestado en la carne». 1 Timothy 3:16…

Pero este gran sacrificio [de Cristo] no fue hecho para crear amor en el corazón del Padre hacia el hombre, ni para moverle a salvarnos. ¡No! ¡No! «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito». Juan 3:16. Si el Padre nos ama no es a causa de la gran propiciación, sino que él proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual el Padre pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. «Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo». 2 Corintios 5:19. Dios sufrió con su Hijo. En la agonía del Getsemaní, en la muerte del Calvario, el corazón del Amor infinito pagó el precio de nuestra redención (El camino a Cristo, pp. 12-14).

Ahora es el momento de ponerse decididamente de parte de la verdad; y siendo que Dios ha dado a cada uno su medida de influencia, es deber de cada uno ejercerla para gloria de Dios y para bien de sus semejantes. Ninguno de los mayordomos de Cristo permanecerá ocioso en un tiempo como el presente, o se contentará simplemente con vivir para sí. Los que están en comunión con Cristo se darán cuenta de que hay almas a cada paso que pueden beneficiarse mediante su ayuda, su ejemplo, y su influencia Se darán cuenta de que pueden ser agentes mediante los cuales Jesús obrará para salvar a aquellos por los que murió (Sons and Daughters of God, p. 269; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 271).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas