ORGULLO VERSUS HUMILDAD
«El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» (Luc. 14: 11).
Sábado: 11 de abril
ORGULLO VERSUS HUMILDAD
Todos hemos conocido a personas sumamente orgullosas y convencidas de que nunca se equivocan. O tal vez conozcas a alguien que quiere tener el control, que nunca está abierto a la instrucción o a la crítica constructiva. O alguien que parece estar constantemente en conflicto o que es un especialista en menospreciar a los demás. Podemos pensar inmediatamente en otros, pero la verdadera pregunta es: ¿Qué ocurre con cada uno de nosotros? Nos engañamos al señalar a los demás y al negarnos a reconocer el orgullo que existe en nuestra propia vida.
Todos hemos luchado alguna vez con el orgullo y nos hemos creído mejores que quienes nos rodean, al menos en algún aspecto. Alguien dijo en cierta ocasión que el orgullo surge del deseo de demostrar que somos valiosos. Sin embargo, ya deberíamos saber que lo somos, pues fuimos creados por Dios y porque Cristo murió por nosotros.
Esta semana exploraremos el impacto que el orgullo puede tener en nuestra relación con Dios y con los demás, y veremos qué enseña la Biblia acerca de la humildad en nuestras relaciones con los demás y, por supuesto, con Dios.
Comentarios Elena G.W
Satanás cayó porque ambicionó ser igual a Dios. Deseaba participar en los consejos y propósitos divinos, de los cuales estaba excluido, porque, como ser creado, era incapaz de comprender la sabiduría del Infinito. fue este orgullo ambicioso el que lo indujo a la rebelión, y por este mismo medio trata de causar la ruina del hombre.
El pecado tuvo su origen en el egoísmo. Lucifer, el querubín protector, deseó ser el primero en el cielo. Trató de dominar a los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse para sí su homenaje. Para ello, representó falsamente a Dios, atribuyéndole el deseo de ensalzarse. Trató de investir al amante Creador con sus propias malas características.
Cuando quiera que se entreguen al orgullo y la ambición, su vida se mancilla; porque el orgulloso, ni sintiendo necesidad alguna, cierra su corazón a las bendiciones infinitas del cielo.
Si Lucifer hubiese deseado realmente ser como el Altísimo, nunca habría abandonado el puesto que le había sido señalado en el cielo; porque el espíritu del Altísimo se manifiesta en un ministerio abnegado. Lucifer deseaba el poder de Dios, pero no su carácter. Buscaba para sí el lugar más alto, y todo ser impulsado por su espíritu hará lo mismo.
El orgullo es un temible rasgo de carácter. ‘Antes del quebrantamiento es la soberbia’. Esto es verdad en la familia, en la iglesia y en la nación (La fe por la cual vivo, 3 de marzo, p. 70).
La dulce voz de la misericordia llega hoy a vuestros oídos. Hoy estáis recibiendo la invitación celestial. Hoy todo en el cielo dice: Venid. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven.
Venid, porque todo está listo ahora. Todo el que quiera, que venga y beba del agua de la vida de balde. Ahora necesitamos sencillez infantil. Necesitamos que todo lo semejante al orgullo, la vanidad y la insensatez desaparezca. Estamos frente al juicio. Los hombres y las mujeres necesitarán apoyarse en una fortaleza superior a toda ayuda humana. Deben afirmarse del brazo poderoso de Jehová. Estamos frente al día cuando las obras de los hombres serán probadas; y deseamos que vosotros estéis listos. Os instamos en el nombre del Maestro a prepararos. Os llamamos para que os apartéis del orgullo del mundo, la soberbia, la vanidad y la insensatez de la vida. Jesús os ama. Jesús tiene compasión de vosotros. Se ha enviado a la hueste angélica para que os ayude. Y ahora, cuando todo el cielo está interesado en vosotros, ¿no os interesaréis en vosotros mismos?
Algunos temen confiar plenamente en la Palabra del Señor como si eso fuera presunción. Oran para que el Señor les enseñe y temen aferrarse a la palabra de la promesa de Dios y creer que han sido enseñados por él. Mientras comparezcamos ante nuestro Padre celestial con humildad y con un espíritu capaz de recibir enseñanza, dispuestos y ansiosos de aprender, ¿por qué habríamos de dudar del cumplimiento de la propia promesa de Dios?… Cuando usted busque descubrir sus designios, su parte en esta relación con Dios consiste en creer que será guiado y bendecido al hacer su voluntad… Es Cristo quien guía hoy a su pueblo, mostrándole dónde y cómo trabajar (Sons and Daughters of God, p. 67; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 10 de marzo, p. 69).


