Sábado 27 de abril – FE CONTRA TODO PRONÓSTICO

FE CONTRA TODO PRONÓSTICO “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Sábado: 27…

 Sábado 27 de abril – FE CONTRA TODO PRONÓSTICO

FE CONTRA TODO PRONÓSTICO

“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11).

Sábado: 27 de abril

FE CONTRA TODO PRONÓSTICO

Los reformadores protestantes tenían algo que el siglo XXI necesita desesperadamente: un propósito para su vida. En su libro The Empty Self [El yo vacío], el prestigioso psicólogo estadounidense Philip Cushman habla de quienes viven sin propósito. Sus creencias son superficiales, pocas cosas les importan y no tienen nada por lo que merezca la pena morir o vivir.

Pero los hombres, las mujeres y los niños de la Reforma protestante eran radicalmente diferentes. Tenían un propósito permanente por el que valía la pena vivir. Lo que creían era importante, y no estaban dispuestos a comprometer su integridad. Sus creencias fundamentales formaban parte inseparable de ellos; negarlas era negar su propia identidad. Ante la muerte misma, tenían paz interior.

En el estudio de esta semana, con ejemplos de la Reforma, exploraremos de qué manera las enseñanzas transformadoras de las Escrituras ofrecen un verdadero significado para la vida. Comprender estas verdades eternas nos preparará para la crisis final en el gran conflicto entre el bien y el mal. La batalla que libraron los reformadores aún no ha terminado, y nosotros hemos sido llamados a retomarla donde ellos la dejaron. Nosotros también podemos descubrir a un Dios lo suficientemente grande para todos los desafíos que enfrentamos, un Dios que da sentido y propósito a nuestra vida como nada en el mundo.

La lección de esta semana se basa en El conflicto de los siglos, capítulos 7 al 11.

Comentarios Elena G.W

A través de los siglos de persecución, lucha y tinieblas, Dios ha sostenido a su iglesia. Ni una nube ha caído sobre ella sin que él hubiese hecho provisión; ni una fuerza opositora se ha levantado para contrarrestar su obra, sin que él lo hubiese previsto. Todo ha sucedido como él lo predijo. Él no ha dejado abandonada a su iglesia, sino que ha señalado en las declaraciones proféticas lo que ocurriría, y se ha producido aquell0 que su Espíritu inspiró a los profetas a predecir. Todos sus propósitos se cumplirán. Su ley está ligada a su trono, y ningún poder del maligno puede destruirla. La verdad está inspirada y guardada por Dios; y triunfará contra toda oposición (Los hechos de los apóstoles, pp. 10, 11).

Dios llama a hombres y mujeres estables, de propósito firme, en quienes se pueda fiar en momentos de peligro y de prueba, que estén tan firmemente arraigados y fundados en la verdad como las rocas eternas, que no puedan ser agitados a diestra o siniestra, sino que avancen constantemente y estén siempre del lado del bien…

Debemos acercarnos más a Dios, ponernos en más íntima relación con el cielo y llevar a cabo los principios de la ley en las menores acciones de nuestra vida diaria a fin de ser espiritualmente sanos (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 78, 79).

Los reformadores no son destructores. Jamás tratarán de arruinar a los que no estén en armonía con sus planes ni se amolden a ellos. Los reformadores deben avanzar, no retroceder. Deben ser decididos, firmes, resueltos, indómitos; empero la firmeza no debe degenerar en un espíritu autoritario. Dios quiere que todos los que le sirvan sean firmes como una roca, en cuanto a principios se refiere; pero mansos y humildes de corazón, como lo fue Cristo. Entonces, permaneciendo en Cristo, podrán hacer la obra que él haría si estuviese en el lugar de ellos. Un espíritu brusco y condenador no es esencial para ser heroico en las reformas de este tiempo. Todos los métodos egoístas que se practiquen en el servicio de Dios son una abominación delante de él (Testimonios para la iglesia, t. 6, pp. 155, 156).

No debemos preguntar si se nos aprecia o no. Nada tenemos que hacer con eso. Consideremos cómo trabajó Cristo…

Tomen la Palabra. Vivan la Palabra. Prediquen la Palabra tal como lo han hecho en lo pasado. El Señor Jesús les ha dado la promesa de su presencia. Tórnenla; aprécienla. Ni a ustedes ni a mí nos corresponde verificar si se aprecian o no los actos de abnegación y sacrificio propio.

La obra de reforma requerirá toda la fe, las lágrimas y oraciones que la inteligencia humana sea capaz de soportar. Nuestro cometido es: Levantad la cruz y llevadla tras Jesús, luchando siempre por manifestar el mismo espíritu que lo indujo a anhelar su bautismo de sufrimiento en la cruz (Cada día con Dios, 10 de febrero, p. 47).

Elena G.W

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