EVALÚATE
«Como el Padre me amó, también yo los he amado» (Juan 15: 9).
Sábado: 28 de marzo
EVALÚATE
¿Cómo describirías tu relación con Dios? ¿Es vibrante y sólida? ¿Inviertes tiempo en ella escudriñando su Palabra inspirada y hablando con él como tu Amigo mediante la oración? Si es así, ¿cuánto tiempo dedicas a esas dos actividades?
Además, ¿te sientes motivado a compartir con otros esa relación como la más maravillosa de tu vida? ¿O ha disminuido tu relación con Dios con el paso del tiempo? Quizá siga viva, y lo compruebas de vez en cuando, pero tal vez ya no sea tan significativa. ¿O te encuentras en un punto intermedio, lo que la Biblia llama «tibieza» (Apoc. 3: 16)?
A veces me pregunto si los ángeles no se sienten perplejos al ver que no vivimos adorando a nuestro Salvador con corazones anhelantes y mentes ansiosas por acercarnos cada día más a él, ya que una relación plena con Dios lo cambia todo, tanto aquí como en la Eternidad.
Esta semana consideremos el estado actual de nuestra relación con Dios y cuál es el consejo de la Biblia al respecto. De hecho, nuestra condición espiritual no puede mejorar sin que antes evaluemos honestamente nuestra realidad y escuchemos la solución que Jesús nos ofrece.
Comentarios Elena G.W
Al establecer una relación con Cristo, el hombre renovado no hace sino volver a la relación con Dios que ya se le había señalado… Su primer deber es hacia sus hijos y sus parientes más cercanos. Nada puede excusarle por descuidar el círculo de sus más allegados para atender el círculo externo más amplio. En el día del ajuste final de cuentas… se les preguntará a los padres y a las madres qué hicieron para asegurar la salvación de las almas de los que ellos se hicieron responsables trayéndolos al mundo. ¿Descuidaron sus corderos dejándolos al amparo de extraños?… Una gran cantidad de bien realizado en favor de otros no cancelará la deuda que tenéis ante Dios de cuidar a vuestros hijos. El bienestar espiritual de su familia está en primer lugar.
En entrenar correctamente y moldear las mentes de sus hijos, se les ha confiado a las madres la misión más importante dada alguna vez a los mortales.
Siempre que cumplamos con el deber que tenemos más a mano, Dios nos bendecirá y escuchará nuestras oraciones. Hay demasiadas personas que realizan obra misionera fuera del hogar, mientras que en su propia casa no se hace nada en ese sentido, y como consecuencia de ese descuido, su hogar va a la ruina… El primer trabajo misionero consiste en cuidar de que el amor, la luz y el gozo reinen en el hogar. No tratemos de realizar alguna gran campaña en favor de la temperancia, o alguna gran empresa misionera, antes de cumplir con los deberes hacia nuestro hogar. Cada mañana debiéramos pensar: ¿Qué acto bondadoso puedo realizar hoy? ¿Qué palabra tierna puedo pronunciar? Las palabras bondadosas en la intimidad del hogar se asemejan a los rayos del sol. El esposo necesita de ellas, como también las necesitan la esposa y los niños… Cada corazón debiera aspirar a conseguir que exista aquí abajo tanto del cielo como sea posible (Dios nos cuida, 25 de enero, p. 33).
En el servicio de Dios no hay un término medio… Que nadie espere transigir con el mundo, y sin embargo seguir gozando de las bendiciones del Señor. Que el pueblo de Dios salga del mundo, y sea separado. Procuremos más fervientemente conocer y hacer la voluntad de nuestro Padre celestial. Recibamos de tal modo la luz de la verdad que ha brillado sobre nosotros, que sus rayos brillantes se reflejen de nosotros al mundo. Que los incrédulos vean que la fe que tenemos nos hace mejores hombres y mejores mujeres; que es una realidad viviente, que santifica el carácter y transforma la vida… Que nuestra conversación verse sobre las cosas celestiales. Rodeémonos con una atmósfera de gozo cristiano. Demostremos que nuestra religión puede soportar la prueba de las dificultades. Mediante nuestra bondad, paciencia y amor, probemos ante el mundo el poder de nuestra fe (Nuestra elevada vocación, 26 de octubre, p. 307).


