El ministerio cristiano auténtico
«Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos» — 2 Corintios 4:8-10
Lunes: 31 de agosto
Sufrimiento y gloria
Pablo sabía que debía rendir cuentas de su ministerio ante Cristo (2 Cor. 5: 10). Sentía un respeto profundo y reverente por el Señor y buscaba persuadir a las personas de que aceptaran el evangelio de Cristo (vers. 11). Ese respeto reverente y amor de Pablo para con Cristo estaban unidos a su confianza en el amor de Cristo para con él. En el Antiguo Testamento, temer al Señor significa andar en sus caminos, amarlo y servirlo de todo corazón (Deut. 10: 12).
El ministerio de Pablo no estaba centrado en él, sino en Cristo. Él no se alababa a sí mismo. La razón de su jactancia es Cristo (2 Cor. 12: 9). Él dijo: «Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gál. 6: 14). Por lo tanto, la oportunidad que tenían los corintios de jactarse de él (2 Cor. 5: 12) se refería a estar orgullosos de su ministerio centrado en Cristo, en contraste con el ministerio de sus oponentes.
Cristo es el ministro de la reconciliación por excelencia. Como tal, «nos dio el ministerio de la reconciliación» (2 Cor. 5: 18). La idea de la reconciliación aparece una y otra vez a lo largo de 2 Corintios 5: 16-21. Este es un concepto esencial para Pablo, y también debe serlo para nosotros.
Dios ha reconciliado a la humanidad consigo mismo por medio de la muerte expiatoria de su Hijo. Quienes se reconciliaron con Dios son una nueva creación (2 Cor. 5: 17). Ahora, se supone que deben transmitir esta «palabra de la reconciliación» proclamando el evangelio de Cristo (vers. 19). En este sentido, «somos embajadores en nombre de Cristo. Como si Dios rogase por medio de nosotros» (vers. 20).
Comentarios Elena G.W
Tanto individualmente como también como pueblo tenemos ante nosotros la más solemne obra. Debemos preparar diariamente el corazón y la mente de modo que podamos estar capacitados para alcanzar los propósitos de Dios para con nosotros. Los peligros de los últimos días se ciernen sobre nosotros, y ahora estamos determinando cuál será nuestro destino eterno. Individualmente debemos forjar caracteres que soporten el juicio, y ofrecer en la iglesia a la que asistimos, un ejemplo de fidelidad y consagración. El ministerio de la Palabra debe preparar a un pueblo para que se mantenga firme en los tiempos de tentación en que vivimos; y los miembros de la iglesia han de colaborar con la obra del ministerio, revelando en sus vidas los principios de la verdad, para que no se pronuncie ninguna palabra, ni se realice acción alguna que conduzca a falsos senderos o cree un estado de cosas que Dios no pueda aprobar.
Me han sido revelados los serios riesgos que enfrentaremos en estos últimos días. Nuestra única luz y guía en la que podemos confiar en este tiempo se halla en la Palabra de Dios. Debemos considerarla nuestra consejera, y seguir sus instrucciones fielmente, o descubriremos que nos gobiernan nuestros rasgos de carácter, y nuestra vida pondrá de manifiesto una obra egoísta que será un obstáculo y no una bendición para nuestros semejantes…
Los que son guías y maestros del pueblo deben instruir a los miembros de iglesia en cuanto a cómo trabajar en actividades misioneras, y luego ver cómo avanza la importante obra de proclamar este mensaje que debe despertar a toda ciudad que no ha recibido la advertencia, antes que venga la crisis cuando, por medio de las artimañas de los agentes satánicos, las puertas ahora abiertas al mensaje del tercer ángel sean cerradas…
Los justos juicios del Señor y su decisión final están descendiendo a la tierra. No revoloteen sobre las iglesias para repetir las mismas verdades al pueblo, mientras se abandonan las ciudades en la ignorancia y el pecado, sin que se realice obra en ellas. Pronto el camino será cerrado y estas poblaciones no tendrán ya acceso al mensaje evangélico para que puedan unirse en la realización de una obra definida y abnegada…
El mundo se está preparando para la obra final del mensaje del tercer ángel. La verdad se ha de manifestar ahora con un poder que no se ha conocido durante años. El mensaje de la verdad presente ha de proclamarse en todas partes.— Alza tus ojos, 17 de septiembre, p. 272



