Martes 9 de junio – Job – Contratiempos

Contratiempos

«Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado» — Romanos 5:3-5

Martes: 9 de Junio

Job

Cuando pensamos en personajes bíblicos que experimentaron reveses, Job es quizá la persona que primero viene a nuestra mente. No solo perdió todas sus posesiones (Job 1:14-17), sino también a sus hijos (Job 1:18, 19) y su salud (Job 2:7). Su mujer lo instó a maldecir a Dios y morir (Job 2:9).

Después de algún tiempo, tres amigos vinieron a visitarlo y se sentaron junto a él. Quedaron tan sorprendidos por su aspecto que permanecieron en silencio durante siete días (Job 2:13). Cuando finalmente hablaron, intentaron explicar humanamente la desgracia de Job, pero aumentaron así involuntariamente su sufrimiento. Sus amigos lo culparon, diciendo que tenía algún pecado oculto del que debía arrepentirse (Job 8, 11, 15). Llegaron incluso a decirle: «Tal es la morada del impío, el lugar del que no conoce a Dios» (Job 18:21).

¿Cómo respondió Job? Lee Job 19:23 al 27; y 23:8 al 12.
Job 19:23-27 — RV6023 ¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribiesen en un libro; 24 Que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre! 25 Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; 26 Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; 27 Al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.
Job 23:8-12 — RV608 He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré; 9 Si muestra su poder al norte, yo no lo veré; al sur se esconderá, y no lo veré. 10 Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro. 11 Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté. 12 Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.

A pesar de las trágicas circunstancias en las que estaba inmerso, y que él no comprendía, Job permaneció fiel y se mantuvo firme. No culpó a Dios ni lo maldijo. Por el contrario, cuando fue tentado a culpar a Dios, declaró: «Desnudo salí del seno de mi madre y desnudo me iré. El Señor dio, y él quitó. ¡Bendito sea su nombre!» (Job 1:21).

Nosotros vivimos en medio de esta misma batalla. Satanás nos aflige con dolor, sufrimiento, pérdidas y dificultades como parte de su plan para distorsionar la imagen que tenemos de un Dios amoroso. En esos momentos podemos responder de dos maneras: culpar a Dios y rechazarlo o aferrarnos a él con todas nuestras fuerzas. Aunque la batalla arrecia a nuestro alrededor, debemos recordar que, a la luz de la Eternidad, nuestros problemas no son más que pruebas temporales (2 Cor. 4:16-18). Hay muchas cosas que no vemos aquí y ahora, y uno de los grandes desafíos para un creyente es confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros. Dios nos ha revelado de muchas maneras la realidad de su amor. Debemos aferrarnos a esta verdad crucial incluso cuando no la percibamos.

Si estás pasando por un momento difícil, acude a Dios. Toma tu Biblia y un cuaderno, y encuéntrate con él en medio de la naturaleza. Copia Romanos 5:3 al 5, y reflexiona acerca de los diferentes mensajes contenidos en ese texto, con la certeza de que el amor y el cuidado de Dios hacia ti son lo más seguro y estable de tu vida.

Romanos 5:3-5 — RV603 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Comentarios Elena G.W

Cuando la depresión le sobreviene al alma no da evidencia de que Dios haya cambiado. Él es «el mismo, ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13:8). Estáis seguros del favor de Dios cuando sois sensibles a los rayos del Sol de Justicia; pero si las nubes ocultan vuestra alma, no debéis pensar que estáis olvidados. Vuestra fe debe horadar las tinieblas. Vuestros ojos deben ser puros, y todo vuestro cuerpo estará lleno de luz. Debéis mantener ante la mente las riquezas de la gracia de Cristo. Atesorad las lecciones que proporciona su amor. Que vuestra fe sea como la de Job, para que podáis decir: «Aunque me matere, en él esperaré».

Las experiencias más angustiosas en la vida del cristiano pueden ser las más benditas. Las providencias especiales para las horas de tinieblas pueden animar al alma en los futuros ataques de Satanás, y dotar al siervo de Dios para permanecer en las fieras pruebas. La prueba de vuestra fe es más preciosa que el oro. Debéis poseer esa perdurable confianza en Dios que no es perturbada por las tentaciones y los argumentos del engañador. Confiad en la palabra del Señor. Debéis estudiar las promesas, y apropiaros de ellas a medida que tengáis necesidad. «La fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios» (Romanos 10:17).

La fe es la que familiariza el alma con la existencia y la presencia de Dios; y cuando vivimos con un ojo atento a su gloria, discernimos más y más la hermosura de su carácter. Nuestras almas se fortalecen en el poder espiritual, porque respiramos la atmósfera del cielo, y, comprendiendo que Dios está a nuestra mano derecha, no seremos conmovidos. Deberíamos vivir como si estuviéramos en la presencia del Infinito.

La sabiduría divina ordenará los pasos de aquellos que colocan su confianza en el Señor. El amor divino los rodeará, y comprenderán la presencia del Consolador, el Espíritu Santo.— Nuestra elevada vocación, 14 de noviembre, p. 326


A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios y caen en la esclavitud de la duda y la servidumbre de la incredulidad. Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida.

Desde las profundidades del desaliento, Job se elevó a las alturas de la confianza implícita en la misericordia y el poder salvador de Dios. Declaró triunfantemente: «He aquí, aunque me matere, en él esperaré».— Profetas y reyes, pp. 119, 120

Elena G.W

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