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Nuevos Estudios

Nuevos Estudios (130)

La observancia del sábado como señal de lealtad…

Matinal del 18 de Marzo de 2015

La observancia del sábado como señal de lealtad

 

Pido a todos los que han seguido una conducta errónea en cuanto a los principios, que hagan una decidida reforma, y anden para siempre humildemente con Dios. El mundo pronto ha de ser juzgado. Un Dios justo debe vindicar la muerte de su Hijo. Hoy en día los hombres eligen a Barrabás y dicen: Crucifica a Cristo. Harán esto en la persona de sus santos. Recorrerán el mismo camino que los sacerdotes y gobernantes judíos en su trato con Cristo. El, el Hijo de Dios, siendo inocente, fue muerto porque dijo a los hombres verdades que no les agradaba oír. Sin embargo, era el Hijo del Dios infinito. 

Los que hoy en día desprecian la ley de Dios, no manifestando ningún respeto por sus mandamientos, están tomando partido con el gran apóstata. Proclaman a un mundo corrompido por el pecado que la ley de Dios es nula y sin valor. Los que declaran esto como verdad engañan a la gente, y virtualmente han clavado la ley de Dios en la cruz entre los dos ladrones. ¡Qué idea!

Frente a los mundos no caídos y al universo celestial, el mundo ha de dar cuenta ante el Juez de toda la tierra, el mismo a quien han condenado y crucificado. ¡Qué día de ajuste será aquél! Es el gran día de la venganza de Dios. Cristo entonces no estará en el tribunal de Pilato. Pilato y Herodes, y todos los que se burlaron del Señor, lo azotaron, rechazaron y crucificaron, comprenderán entonces qué significa sentir la ira del Cordero. Sus hechos aparecerán ante ellos en su verdadero carácter.  (Testimonios Para Los Ministros, págs. 131-132)

Haced de la verdad una realidad…

Matinal del 17 de Marzo de 2015

Haced de la verdad una realidad

 

El Señor Jesús exige que toda alma haga de la verdad una realidad. Mostrad que creéis que no estáis a medias con Cristo y a medias con el mundo. De todos los tales Cristo dice: “¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca”. El que aprecia el amor de Cristo será un ferviente colaborador de Jesús para traer almas como gavillas al Maestro. Todos los que están relacionados con Cristo hacen siempre una obra cabal. Llevan fruto para su gloria. Pero la indolencia, el descuido y la frivolidad separan al alma de Cristo, y Satanás puede introducirse para realizar su voluntad en el pobre súbdito mundano. Tenemos una gran verdad, pero por la indiferencia y el descuido, la verdad ha perdido su fuerza sobre nosotros. Satanás se ha introducido con sus engañosas tentaciones, apartando a los profesos seguidores de Cristo de su Líder. Así se clasifican ellos entre las vírgenes fatuas.

El Señor viene, y ahora necesitamos el aceite de la gracia en las vasijas de nuestras lámparas. Pregunto: ¿Quién estará de parte del Señor? Antes que Jesús se fuera, prometió regresar de nuevo, y recibirnos a sí mismo, “para que donde yo estoy—dijo él—, vosotros también estéis”. Somos extranjeros y peregrinos en este mundo. Hemos de esperar, velar, orar y trabajar. Toda la mente, toda el alma, todo el corazón, y toda la fuerza han sido comprados por la sangre del Hijo de Dios. No hemos de creer que tenemos el deber de usar un ropaje de peregrino precisamente de un color o de una forma tales, sino que hemos de emplear el atavío prolijo y modesto que la Palabra inspirada nos enseña a usar. Si nuestros corazones están unidos con el corazón de Cristo, tendremos un deseo muy intenso de ser vestidos de su justicia. Nada se colocará sobre la persona para atraer la atención, o para crear polémica. 

¡Cristianismo: cuántos hay que no saben lo que es! No es algo que nos colocamos por fuera. Es una vida infundida dentro de nosotros por la vida de Jesús. Significa que estamos usando el manto de la justicia de Cristo. Con respecto al mundo, los cristianos dirán: No intervenimos en política. Dirán resueltamente: Somos peregrinos y extranjeros; nuestra ciudadanía es la de arriba. No se los verá eligiendo compañeros para divertirse. Dirán: Ya no nos infatuamos con cosas pueriles. Somos peregrinos y advenedizos, esperamos una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 130-131)

Cristo, la revelación de Dios…

Matinal del 14 de Marzo de 2015

Cristo, la revelación de Dios

 

En Cristo el mundo contempló al Dios invisible. “Yo soy en el Padre—dijo él—, y el Padre en mí”. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. En todos nuestros actos de verdadera devoción fijamos los ojos de nuestra fe en nuestro Abogado, que intercede entre el hombre y el trono eterno, y quien espera para tomar nota de todo esfuerzo nuestro y para ayudarnos por su Espíritu a lograr un conocimiento más perfecto de Dios. 

El Cordero de Dios nos es presentado como quien está “en medio del trono” de Dios. El es la gran provisión por la cual Dios y el hombre están unidos y tienen comunión el uno con el otro. Por eso se describe a los hombres como sentados en los lugares celestiales en Cristo Jesús, quien es el punto designado de reunión entre Dios y la humanidad.

“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Cristo llevó a la naturaleza humana a la relación personal con su propia divinidad. Así ha proporcionado un centro al cual puede aferrarse la fe del universo.

Dios quiere que su ley sea obedecida por todos los que creen en Cristo. Satanás sabía que si la familia humana podía ser inducida a creer que Dios había abolido su norma moral del carácter, el hombre no tendría un espejo moral en el cual pudiera mirar y ver qué clase de persona era.

“Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.

Esta es la palabra del Dios vivo. La ley es el gran espejo moral de Dios. El hombre ha de comparar sus palabras, su espíritu, sus actos con la Palabra de Dios. Si decidimos que en estos últimos días no tenemos una obra asignada que escapa al programa regular de las iglesias nominales, seremos grandemente chasqueados. El gran asunto que ha de investigarse, pesarse y decidirse, es: ¿Qué puedo hacer para alcanzar a las almas perdidas? Dios exige que los adventistas realicen una obra que no necesito definir. A menos que la obra se efectúe en primer término en sus propios corazones, todas las instrucciones específicas que puedan darse para señalar la conducta será trabajo vano.

Leed el segundo capítulo de Santiago. Practicad la verdad en vuestra vida cotidiana, y conoceréis la obra que el Señor os ha dado para hacer. Leed también el capítulo cuatro, especialmente los versículos 5-12; y el capítulo cinco, especialmente los versículos 13-20. Estos capítulos son letra muerta para la gran mayoría de los que pretenden ser adventistas del séptimo día. Se me ha indicado que os señalara estos pasajes, y el capítulo séptimo de Mateo. Necesitáis estudiar cada palabra como si de ella dependiera vuestra vida. 

Lo que la Iglesia de Battle Creek necesita es que sus miembros sean hacedores de la Palabra. Esto inducirá a muchos a salir de Battle Creek para ir a otros lugares, pueblos y ciudades, donde la gente no ha tenido la luz y las oportunidades que vosotros habéis tenido. Muchas almas están ahora en la balanza. No están con Cristo. No están recogiendo con Cristo. Su influencia está dividida. Desparraman.

Prestad especial atención a estas palabras: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”. Muchas casas que ahora se creen seguras caerán. El Señor declara que no aceptará un servicio dividido. (Testimonios Para Los Ministros, págs. 123-126) 

No estamos trabajando solos…

Matinal del 13 de Marzo de 2015

No estamos trabajando solos…

 

Hay una obra que debe ser hecha por el pueblo de Dios. ¿Cuál es la verdadera elocuencia de la vida humana? El corazón lleno de sentimientos puros, la reverencia por todos los mandamientos de Dios. Pero no se ha trabajado con fervor. Se han realizado los trabajos rutinarios, pero esto no es suficiente. Salid de la huella común. Si no podéis alcanzar a los miembros de las iglesias, no os desaniméis. Llevad la obra a los caminos, y si la levadura de la verdad no penetra en la justicia propia de aquellos por quienes trabajáis, salid de la senda común e id a los vallados, y haced allí vuestra obra misionera.

Dios no os dejará que trabajéis solos. En todo momento, desde la proclamación del mensaje del tercer ángel, los ángeles de Dios han estado esperando para cooperar con el agente humano ferviente y determinado a trabajar. Debemos cavar más hondo en las minas de la verdad de lo que lo hemos hecho.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. ¡Oh, qué amor ha mostrado Dios por el hombre caído! ¿Por qué aquellos que conocen la verdad pasan de largo dejando sin auxilio a tantos que están sufriendo necesidad?

Todo el culto de Israel de antaño era una promesa, en figuras y símbolos, de Cristo; y no era una mera promesa, sino una verdadera provisión, destinada por Dios a ayudar a millones de personas elevando sus pensamientos hacia Aquel que había de manifestarse a nuestro mundo. (Testimonios Para Los Ministros, pág. 123)

Características del verdadero investigador…

Matinal del 12 de Marzo de 2015

Características del verdadero investigador…

 

Dios ha ordenado que todos los hombres obedezcan su ley. El no mira lo que mira el hombre. Su norma es elevada, pura y santa; sin embargo, todos pueden alcanzar esa norma. El Señor ve la necesidad del alma, el hambre del alma consciente. El considera la disposición de la mente, de la cual proceden nuestras acciones. Ve si por encima de toda otra cosa se manifiesta respeto y fe hacia Dios. El verdadero investigador, que lucha para ser semejante a Jesús en palabra, vida y carácter, contemplará a su Redentor y, al hacerlo, será transformado a su imagen, porque anhela tener la misma actitud mental que hubo en Cristo Jesús, y ora por ella. No es el temor a la vergüenza o el temor a la pérdida lo que lo inhibe de hacer el mal, porque sabe que todo lo que disfruta viene de Dios, y él quisiera aprovechar sus bendiciones para poder representar a Cristo. No apetece el lugar más alto, ni la alabanza de los seres humanos. Este no es su ávido interés. Al aprovechar sabiamente lo que ahora tiene, trata de obtener cada vez más capacidad, para poder dar a Dios un mayor servicio. Tiene sed de Dios. La historia de su Redentor, el inconmensurable sacrificio que realizó, adquiere pleno significado para él. Cristo, la majestad del cielo, se hizo pobre, para que nosotros, por su pobreza, llegáramos a ser ricos; no ricos solamente en dotes, sino ricos en realizaciones

Estas son las riquezas que Cristo fervientemente anhela que sus seguidores posean. Cuando el verdadero investigador de la verdad lee la Palabra y abre su mente para recibirla, anhela la verdad con todo su corazón. El amor, la piedad, la ternura, la cortesía, la amabilidad cristiana, que serán los elementos característicos de las mansiones celestiales que Cristo ha ido a preparar para los que le aman, toman posesión de su alma. Su propósito es firme. Está determinado a colocarse del lado de la justicia. La verdad ha llegado a su corazón, y está implantada allí por el Espíritu Santo, quien es la verdad. Cuando la verdad toma posesión del corazón, el hombre da evidencia segura de ese hecho convirtiéndose en mayordomo de la gracia de Cristo.

El corazón del verdadero cristiano está imbuido de verdadero amor, de intenso anhelo por las almas. No descansa hasta hacer todo lo que está a su alcance para buscar y salvar lo que se ha perdido. El tiempo y la fuerza se invierten; no se escatima esfuerzo penoso. Otros deben recibir la verdad que ha traído a su propia alma tanta alegría y paz y gozo en el Espíritu Santo.

Cuando el alma verdaderamente convertida disfruta del amor de Dios, siente su obligación de llevar el yugo de Cristo y trabajar en armonía con él. El Espíritu de Jesús descansa sobre ella. Revela el amor, la piedad y la compasión del Salvador, porque es una con Cristo. Anhela llevar a otros a Jesús. Su corazón se enternece al ver el peligro de las almas que están fuera de Cristo. Cuida de las almas como quien ha de dar cuenta. Con invitaciones y ruegos mezclados con las firmes promesas de Dios, trata de ganar a las almas para Cristo; y esto se registra en los libros de memoria. Es un colaborador de Dios.

¿No es Dios el verdadero objeto de imitación? Debe ser la obra de la vida del cristiano vestirse de Cristo, y alcanzar una más perfecta semejanza a Cristo. Los hijos de Dios han de progresar en su semejanza a Cristo, nuestro modelo. Diariamente deben contemplar su gloria, observar su excelencia incomparable. Tiernos, veraces, y llenos de compasión, han de arrancar a las almas del fuego, aborreciendo aun las ropas manchadas por la carne. {Testimonios para los Ministros, págs. 121-122}

Capacitando las almas para el servicio…

Matinal del 11 de Marzo de 2015

Capacitando las almas para el servicio…

 

 “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos. Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos para observar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos”.

Aceptemos esto como nuestra lección. Estudiad toda palabra con atención. Los principios rectos y los sentimientos puros, cultivados y practicados, forman un carácter a la semejanza divina. Una conciencia libre de ofensa hacia Dios y el hombre, un corazón que siente la más tierna simpatía por los seres humanos, especialmente para que puedan ser ganados para Cristo, tendrá los atributos que tuvo Jesús. Todos los tales serán imbuidos de su Espíritu. Tendrán un depósito de persuasión, una reserva de sencilla elocuencia.

Como cristianos, hemos de trabajar ahora con sumo fervor para traer almas a Cristo Jesús. No debe haber capítulos baratos de experiencia entretejidos en nuestra vida cristiana. Cualquier experiencia verdadera le cuesta a toda alma que la obtiene un esfuerzo, a causa de las tentaciones de Satanás. Dios ve cómo el alma está hambrienta del conocimiento de Dios, de la salvación por medio de Cristo; y la promesa es: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. {Testimoios Para Los Ministros pág. 120}

Con sencillez y fe…

Matinal del 7 de Marzo de 2015

Con sencillez y fe…

 

No requiere mucho conocimiento o capacidad el hacer preguntas difíciles de responder. Un niño puede hacer preguntas que pueden dejar perplejos a los hombres más sabios. No nos empeñemos en una competencia de esta clase. Existe en nuestro tiempo la misma incredulidad que había en los días de Cristo. Hoy, como entonces, el deseo de promoción y de alabanza de parte de los hombres descamina al pueblo de la sencillez de la verdadera piedad. No hay orgullo tan peligroso como el orgullo espiritual.

Los jóvenes deben investigar las Escrituras por sí mismos. No deben pensar que es suficiente que los de más experiencia busquen la verdad y que los más jóvenes pueden aceptarla cuando proviene de ellos, considerándolos una autoridad. Los judíos perecieron como nación porque fueron apartados de la verdad de la Biblia por sus gobernantes, sacerdotes y ancianos. Si hubieran hecho caso a Jesús, e investigado las Escrituras por sí mismos, no habrían perecido.

Hay jóvenes en nuestras filas que están vigilando para ver con qué espíritu los ministros abordan la investigación de las Escrituras, si es que están dispuestos a ser enseñados y si son suficientemente humildes para aceptar la evidencia y recibir la luz de los mensajeros que Dios decide enviar.

Debemos estudiar la verdad por nosotros mismos. No debe confiarse en nadie para que piense por nosotros. No importa de quién se trate, o cuán elevado 110sea el puesto que ocupe, no hemos de mirar a nadie como criterio para nosotros. Debemos aconsejarnos mutuamente, y estar sujetos los unos a los otros; pero al mismo tiempo debemos ejercer la capacidad que Dios nos ha dado, para saber cuál es la verdad. Cada uno de nosotros debe pedir al Cielo la iluminación divina. Debemos desarrollar individualmente un carácter que soporte la prueba en el día de Dios. No debemos ser obstinados en nuestras ideas, y pensar que nadie debe interferir nuestras opiniones.

Cuando un punto de doctrina que no entendáis llegue a vuestra consideración, id a Dios sobre vuestras rodillas, para que podáis comprender cuál es la verdad y no ser hallados como lo fueron los judíos luchando contra Dios. Mientras amonestamos a los hombres a precaverse de aceptar cualquier cosa a menos que sea la verdad, debemos también amonestarlos a no poner en peligro sus almas rechazando mensajes de luz, sino a salir de las tinieblas por el estudio fervoroso de la Palabra de Dios.

Cuando Natanael fue a Jesús, el Salvador exclamó: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”. Natanael dijo: “¿De dónde me conoces?” Jesús respondió: “Cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Y Jesús nos verá también en los lugares secretos de la oración, si buscamos luz para saber cuál es la verdad.

Si un hermano está enseñando el error, los que ocupan puestos de responsabilidad debieran saberlo; y si está enseñando verdad, deben ponerse resueltamente de su lado. Todos nosotros debemos saber lo que se enseña en nuestro medio, pues si es la verdad, necesitamos conocerla. El maestro de la escuela sabática necesita conocerla, y todo alumno de la escuela sabática, debería comprenderla. Todos tenemos la obligación hacia Dios de comprender lo que él nos envía. El ha dado instrucciones por las cuales podemos probar toda doctrina. “¡A la ley y al testimonio! 111Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Pero si está de acuerdo con esta prueba, no estéis tan llenos de prejuicio que no podáis aceptar un punto, sencillamente porque no concuerda con vuestras ideas.

Es imposible que una mente, cualquiera que sea, comprenda toda la riqueza y grandeza de una sola promesa de Dios. Una capta la gloria desde un punto de vista; otra la hermosura y la gracia desde otro punto de vista, y el alma se llena de la luz del cielo. Si viéramos toda la gloria, el espíritu desmayaría. Pero podemos tener revelaciones de las abundantes promesas de Dios mucho mayores que aquellas de las que ahora gozamos. Me entristece pensar cómo perdemos de vista la plenitud de la bendición destinada a nosotros. Nos contentamos con fulgores momentáneos de iluminación espiritual, cuando podríamos andar día tras día a la luz de la presencia divina.

Queridos hermanos, orad como nunca lo habéis hecho para que los rayos del Sol de justicia brillen sobre la Palabra, para que podáis comprender su verdadero significado. Jesús rogó que sus discípulos fueran santificados en la verdad: la Palabra de Dios. ¡Cuán fervientemente, pues, debiéramos orar para que Aquel que “todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”, Aquel cuya misión es recordarle al pueblo de Dios todas las cosas, y guiarlo a toda verdad, esté con nosotros en la investigación de su santa Palabra!

Dios nos pide que dependamos de él, y no del hombre. Desea que tengamos un nuevo corazón; quiere darnos revelaciones de la luz procedente del trono de Dios.—The Review and Herald, 18 de febrero de 1890. {Testimonios para los Ministros, págs. 109-111}

¿Cómo escudriñaremos las Escrituras?

Matinal del 4 de Marzo de 2015

¿Cómo escudriñaremos las Escrituras?

 

¿Cómo debemos escudriñar las Escrituras a fin de entender lo que enseñan? Debemos abordar la investigación de la Palabra de Dios con corazón contrito, espíritu de oración y disposición a ser enseñados. No hemos de pensar, como los judíos, que nuestras propias ideas y opiniones son infalibles; ni, como los papistas, que ciertos individuos son los únicos guardianes de la verdad y el conocimiento, y que los hombres no tienen derecho a investigar las Escrituras por sí mismos, sino que deben aceptar las explicaciones dadas por los padres de la iglesia. No debemos estudiar la Biblia con el propósito de sostener nuestras opiniones preconcebidas, sino con el único objeto de aprender lo que Dios ha dicho.  

Algunos han temido que si admitían haberse equivocado en un solo punto siquiera, otras mentes se verían inducidas a dudar de toda la teoría de la verdad. Por lo tanto, han creído que no debiera permitirse la investigación, que ésta tendería a la disensión y la desunión. Pero si tal ha de ser el resultado de la investigación, cuanto antes venga tanto mejor. Si hay personas cuya fe en la Palabra de Dios no resiste la prueba de una investigación de las Escrituras, cuanto antes se manifiesten, tanto mejor; pues entonces se abrirá el camino para mostrarles su error. No podemos sostener que ninguna posición, una vez adoptada, ninguna idea, una vez defendida, no habrá de ser abandonada en circunstancia alguna. Hay solamente Uno que es infalible: Aquel que es el camino, la verdad y la vida.

Los que permiten que el prejuicio impida que la mente reciba la verdad, no pueden ser receptáculos de la iluminación divina. Sin embargo, cuando se presenta una interpretación de las Escrituras, muchos preguntan “¿es correcta? ¿está en armonía con la Palabra de Dios?” sino “¿quién la sostiene”, y a menos que venga precisamente por el medio que a ellos les agrada, no la aceptan. Tan plenamente satisfechos se sienten con sus propias ideas, que no quieren examinar la evidencia bíblica con el deseo de aprender, sino que rehúsan interesarse, meramente a causa de sus prejuicios.

El Señor a menudo obra donde nosotros menos lo esperamos; nos sorprende al revelar su poder mediante instrumentos de su propia elección, mientras pasa por alto a los hombres por cuyo intermedio esperábamos que vendría la luz. Dios quiere que recibamos la verdad por sus propios méritos, porque es la verdad.

La Biblia no debe ser interpretada para acomodarse a las ideas de los hombres, por largo que sea el tiempo en que las tuvieron por verdaderas. No hemos de aceptar la opinión de los comentadores como la voz de Dios; ellos eran mortales sujetos a equivocarse como nosotros. Dios nos ha dado facultades razonadoras a nosotros tanto como a ellos. Debemos permitir que la Biblia sea su propio expositor. {Testimonios para los Ministros págs. 105 & 106}

El peligro de agradarse a sí mismo...

Matinal del 3 de marzo de 2015

El peligro de agradarse a sí mismo...

 

No puedo seguir considerando ahora esta historia, pero os ruego a vosotros, que estáis en cada ciudad, en cada pueblo, en cada casa; pido a todo individuo, que estudie la lección que enseña este pasaje, teniendo en cuenta las palabras de la inspiración: “El que piensa estar firme, mire que no caiga”. Aquí se presenta la única predestinación que hallamos en la Palabra de Dios. Sólo aquellos que ponen atención para no caer serán aceptados finalmente. No puede haber presunción más fatal que la que induce a los hombres a aventurarse en la conducta del que se agrada a sí mismo. En vista de esta solemne advertencia de Dios, ¿no debieran poner atención los padres y las madres? ¿No debieran señalar fielmente a los jóvenes los peligros que se levantan constantemente para apartarlos de Dios? Muchos permiten que los jóvenes asistan a reuniones de placer, pensando que las diversiones son esenciales para la salud y la felicidad; pero, ¡qué peligros hay en esa senda! Cuanto más se complace el deseo de placer, tanto más se cultiva y tanto más se fortalece, hasta que la complacencia propia y la diversión llegan a constituir la mayor parte de la experiencia en la vida. Dios nos pide que nos cuidemos. “El que piensa estar firme, mire que no caiga”.

Debemos llegar a una posición tal en que toda diferencia sea eliminada. Si yo creo que tengo luz, cumpliré mi deber en presentarla. Si yo consultara a otros con respecto al mensaje que el Señor quiere darme para nuestro pueblo, la puerta podría cerrarse de manera que la luz no llegaría a las personas a quienes Dios la había enviado. Cuando Jesús entraba cabalgando en Jerusalén, “toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían”.—The Review and Herald, 18 de febrero de 1890.

Hermanos míos, en su gran misericordia y amor, Dios os ha dado gran luz, y Cristo os dice: “De gracia recibisteis, dad de gracia”. Dejad que la luz concedida a vosotros brille sobre los que se encuentran en tinieblas. Regocijémonos y alegrémonos de que Cristo no solamente nos ha dado su Palabra, sino que nos ha dado también el espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Dios, y de que en su fuerza podemos ser más que vencedores. Cristo dice: “Venid a mí. Míos son el consejo oportuno y el juicio sano. Tengo comprensión y fuerza para vosotros”. Por la fe debemos descansar en Jesús recordando las palabras de uno que por inspiración divina escribió: “Tu benignidad me ha engrandecido”. Pedid a Dios que os dé una medida abundante del aceite de su gracia. Considerad cuidadosamente cada palabra, ora sea escrita o hablada.—The Review and Herald, 22 de diciembre de 1904. { Testimonios para los Ministros ps. 103 & 104}

Se nos amonesta a no despreciar el Mensaje de Dios...

Matinal del 28 de febrero de 2015

Se nos amonesta a no despreciar el Mensaje de Dios...

 

Quiero presentar una amonestación a los que durante años han resistido la luz y albergado un espíritu de oposición. ¿Por cuánto tiempo odiareis y despreciaréis a los mensajeros de la justicia de Dios? Dios les ha dado su mensaje. Llevan la palabra del Señor. Hay salvación para vosotros, pero sólo a través de los méritos de Jesucristo. La gracia del Espíritu Santo os ha sido ofrecida una y otra vez. La luz y el poder de lo alto han sido derramados abundantemente en vuestro medio. Había evidencias para que todos pudieran discernir a quiénes reconocía el Señor como sus siervos. Pero hubo quienes despreciaron a los hombres y el mensaje que traían. Los criticaron duramente tratándolos como fanáticos, extremistas y maniáticos. Permitidme que profetice acerca de vosotros: A menos que os humilléis prestamente delante de Dios y confeséis vuestros pecados, que son muchos, demasiado tarde veréis que habéis estado luchando contra Dios. Por la convicción del Espíritu Santo, que no contenderá por más tiempo para producir reforma y perdón, veréis que estos hombres contra los cuales habéis hablado han sido como señales en el mundo, como testigos de Dios. Entonces querréis dar todo el mundo si pudierais redimir el pasado, y ser hombres celosos como ellos, movidos por el Espíritu de Dios para alzar vuestra voz en solemne amonestación al mundo; y, como ellos, ser firmes como una roca en los principios. El Señor sabe que estáis dando vuelta completamente las cosas. Seguid un poco más como habéis andado, rechazando la luz del cielo, y estaréis perdidos. “Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación”.

No tengo un mensaje suave para presentar a aquellos que han sido por tanto tiempo como falsos postes indicadores que señalan el camino equivocado. Si rechazáis a los mensajeros designados por Cristo, rechazáis a Cristo. Descuidad esta gran salvación, que ha sido mantenida ante vosotros durante años, despreciad esta gloriosa oferta de justificación por medio de la sangre de Cristo, y de santificación mediante el poder purificador del Espíritu Santo, y no quedará más sacrificio por el pecado, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego. Os ruego que os humilléis y ceséis en vuestra obstinada resistencia a la luz y la evidencia. Decid al Señor: Mis iniquidades han hecho separación entre mí y mi Dios. Señor, perdona mis transgresiones. Borra mis pecados de tu libro de memoria. Gracias a su santo nombre, hay perdón en él, y podéis ser convertidos y transformados.

“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra, rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”

{Testimonios para los Ministros págs. 96-98}

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