Martes 9 de enero – UN SALMO DE DESESPERACIÓN – ENSÉÑANOS A ORAR

ENSÉÑANOS A ORAR “Un día estaba Jesús orando en un lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:…

 Martes 9 de enero – UN SALMO DE DESESPERACIÓN – ENSÉÑANOS A ORAR

ENSÉÑANOS A ORAR

“Un día estaba Jesús orando en un lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: ‘Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos’ ” (Luc. 11:1).

Martes: 9 de enero

UN SALMO DE DESESPERACIÓN

Orar los salmos no solo permite que los fieles articulen sus oraciones libremente. Los salmos supervisan su experiencia según las normas de Dios, y la hacen llevadera al introducir la esperanza y la seguridad de la presencia de Dios.

Lee Salmo 22. ¿Qué podemos aprender de este salmo con respecto a la confianza en Dios en medio de un gran sufrimiento?

 

Salmo 22

1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. 10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. 11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. 12 Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. 13 Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente. 14 He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas. 15 Como un tiesto se secó mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte. 16 Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. 17 Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. 18 Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. 19 Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. 20 Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida. 21 Sálvame de la boca del león, Y líbrame de los cuernos de los búfalos. 22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. 23 Los que teméis a Jehová, alabadle; Glorificadle, descendencia toda de Jacob, Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. 24 Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó. 25 De ti será mi alabanza en la gran congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen. 26 Comerán los humildes, y serán saciados; Alabarán a Jehová los que le buscan; Vivirá vuestro corazón para siempre. 27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. 28 Porque de Jehová es el reino, Y él regirá las naciones. 29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra; Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo, Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma. 30 La posteridad le servirá; Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación. 31 Vendrán, y anunciarán su justicia; A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.

Las palabras de lamentación de Salmo 22:1 pueden ayudar a los que sufren a expresar su dolor y su sensación de soledad: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás lejos de mi salvación y de mi clamor?”

Estas palabras, por supuesto, se han hecho famosas entre los cristianos porque fueron las mismas que pronunció Jesús mientras estaba en la cruz, lo que nos muestra la importancia que tuvo Salmos en la experiencia de Cristo (ver Mat. 27:46).

Con todo, incluso en medio del sufrimiento y las pruebas, también se expresan estas palabras: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré” (Sal. 22:22).

En otras palabras, aunque estos sentimientos exactos no coincidan con el dilema actual del autor, el salmista sigue expresando su fe en Dios y declarando que, sin importar lo que pase, seguirá alabando a Dios.

En resumen, al darnos palabras para orar, Salmos nos enseña a mirar más allá de nuestra situación actual y, por fe, a ver el momento en que nuestra vida será restaurada por la gracia de Dios.

De este modo, la oración de los salmos lleva a los fieles a nuevos horizontes espirituales. Los salmos permiten que los fieles expresen sus sentimientos y concepciones, pero no los deja donde están en ese momento. Los adoradores son guiados a dejar en manos de Dios sus cargas de dolor, decepción, ira, y a confiar en él, sean cuales fueren sus circunstancias.

El cambio del lamento a la alabanza que se observa en muchos salmos sugiere la transformación espiritual que experimentan los creyentes cuando reciben la gracia y el consuelo divinos en la oración.

¿Cómo podemos aprender a ver más allá de nuestras pruebas inmediatas y, así, confiar en la bondad de Dios, sea cual fuere la situación que enfrentemos ahora?

Comentarios Elena G.W

Se me reveló que el poder de Satanás se ejerce especialmente sobre los hijos de Dios. Muchos me fueron presentados en condición de duda y desesperación. Las enfermedades del cuerpo afectan la mente. Un enemigo astuto y poderoso acompaña nuestros pasos, y dedica su fuerza y habilidad a tratar de apartarnos del camino recto. Y demasiado a menudo sucede que los hijos de Dios no están en guardia y por lo tanto ignoran sus designios. Satanás obra por los medios que mejor le permiten ocultarse, y a menudo alcanza su objeto (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 274).

Debemos apreciar y cultivar la fe acerca de la cual testificaron los profetas y los apóstoles, la fe que echa mano de las promesas de Dios y aguarda la liberación que ha de venir en el tiempo y de la manera que él señaló. La segura palabra profética tendrá su cumplimiento final en el glorioso advenimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, como Rey de reyes y Señor de señores. El tiempo de espera puede parecer largo; el alma puede estar oprimida por circunstancias desalentadoras; pueden caer al lado del camino muchos de aquellos en quienes se puso confianza; pero con el profeta que procuró alentar a Judá en un tiempo de apostasía sin parangón, declaremos con confianza: «Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra». Habacuc 2:20. Recordemos siempre el mensaje animador: «Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará… Mas el justo en su fe vivirá». Vers. 3, 4 (Profetas y reyes, p. 286).

La genuina conversión nos enseñará a afirmar nuestra confianza en Aquel que es nuestra única esperanza. Por la conversión uniremos nuestra debilidad con la fortaleza de Dios, nuestra ignorancia con su sabiduría, nuestra indignidad con sus méritos, nuestra pobreza con sus ilimitadas riquezas, nuestro desamparo con su constante poder.

Debemos investigar la Palabra de Dios, haciéndola una parte de nosotros mismos. Un espíritu de humildad, el espíritu de Cristo, nos ayudará a conocer a Aquel que nos ha llamado a la gloria y la virtud.

Si entretejemos la verdad dentro del diario vivir, como debiéramos, avanzaríamos cada vez más alto, obteniendo una comprensión cada vez más clara de la revelación de Dios. Debiéramos ensalzarlo en cantos de alabanza. Por medio del salmista, Cristo declaró: «En medio de la congregación te alabaré». Salmo 22:22. Su voz fue la nota tónica del universo. Su poder ilimitado, su inescrutable entendimiento, su admirable sacrificio por la raza humana nos ayuda a comprender el amor de Dios. Necesitamos individualmente tener a Cristo morando en el alma. Necesitamos abrir nuestras mentes y corazones a la morada del Espíritu de verdad. Necesitamos apreciar nuestros privilegios como poseedores de la verdad sagrada y elevadora. ¡Piensa en lo que esto significa para nosotros, herederos de Dios y coherederos con Cristo! (In Heavenly Places, p. 248; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 250).

Elena G.W

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