- abril 1, 2025
Martes 1 de abril – “DANIEL, CIERRA LAS PALABRAS” – ALGUNOS PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN PROFÉTICA
ALGUNOS PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN PROFÉTICA “ ‘Sino alábese en esto el que se haya de alabar: en entenderme y conocerme,…

ALGUNOS PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN PROFÉTICA

“ ‘Sino alábese en esto el que se haya de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el Señor, que actúo con bondad, justicia y rectitud; porque eso me complace’, dice el Señor” (Jer. 9:24).
Martes: 1 de abril
“DANIEL, CIERRA LAS PALABRAS”
Lee Daniel 12:4. ¿Qué orden dio el Señor a Daniel? (Comparar con Apoc. 22:10).
Daniel 12:4
4 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.
Apocalipsis 22:10
10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.
No es raro oír a predicadores citar Daniel 12:4 como predicción del auge del conocimiento tecnológico y científico justo antes del advenimiento de Cristo. Otros también lo utilizan para describir los avances en los viajes durante el último siglo. Muchos de los libros de nuestra confesión religiosa han adoptado este enfoque. Aunque pueden parecer interpretaciones razonables, el texto en cuestión apunta a otro significado.
Lee nuevamente el pasaje. La instrucción del ángel a Daniel comienza con la orden: “cierra las palabras y sella el libro”. El tema al que se refiere el texto es el propio libro de Daniel. ¿Podría, entonces, ese conocimiento que aumentaría repentinamente al final del tiempo referirse a la comprensión del libro de Daniel?
Esto distingue el libro de Daniel del Apocalipsis, en el sentido de que Juan recibió la orden de no sellar su libro (Apoc. 22:10). El Apocalipsis debía entenderse desde el principio, porque el tiempo estaba cerca. En cambio, Daniel se entendería más claramente en un futuro lejano.
A lo largo de los siglos, muchos estudiosos cristianos intentaron explicar el libro de Daniel, y algunos lograron grandes avances. Sin embargo, la comprensión de Daniel aumentó rápidamente tras el cumplimiento de la profecía de los 1,260 años, en 1798, cuando múltiples expositores de todo el mundo comenzaron a llegar a la conclusión de que algo espectacular sucedería alrededor de 1843. El más notable de ellos, sin embargo, fue William Miller, cuya predicación dio inicio al gran movimiento adventista del siglo XIX e inició una cadena de acontecimientos que darían origen a la iglesia remanente y a una clara comprensión de los mensajes de los tres ángeles.
En otras palabras, el nacimiento de nuestro movimiento mundial es un cumplimiento de la predicción de Daniel de que “el conocimiento aumentaría” en “el tiempo del fin”.
En contraste, y sin juzgar la salvación de las personas, piensa en la oscuridad en que se encuentra gran parte de la cristiandad en cuanto a su comprensión de la Biblia. Algo tan básico como el séptimo día (sábado) establecido en el Edén es ignorado, incluso descartado, en favor del domingo, un día originado en el paganismo romano. O pensemos en la absoluta ignorancia acerca de lo que la Biblia en verdad enseña acerca de la muerte, ya que la mayoría de los cristianos cree en la idea pagana de que existe un alma que abandona el cuerpo en ocasión de la muerte y que pasa inmediatamente a otra esfera de existencia, lo que para algunos significa también el tormento eterno en un infierno ardiente.
En contraste con ello, los adventistas deberíamos estar muy agradecidos, y ser humildes, por el conocimiento que tenemos acerca de la verdad.
Comentarios Elena G.W
A medida que nos acercamos al término de la historia de este mundo, las profecías registradas por Daniel exigen nuestra atención especial, puesto que se relacionan con el tiempo mismo en que estamos viviendo. Con ellas deben vincularse las enseñanzas del último libro del Nuevo Testamento. Satanás ha inducido a muchos a creer que las porciones proféticas de los escritos de Daniel y de Juan el revelador no pueden comprenderse. Pero se ha prometido claramente que una bendición especial acompañará el estudio de esas profecías. «Entenderán los entendidos» (Daniel 12:10), fue dicho acerca de las visiones de Daniel cuyo sello iba a ser quitado en los últimos días; y acerca de la revelación que Cristo dio a su siervo Juan para guiar al pueblo de Dios a través de los siglos, se prometió: «Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas». Apocalipsis 1:3…
Un estudio cuidadoso de cómo se cumple el propósito de Dios en la historia de las naciones y en la revelación de las cosas venideras, nos ayudará a estimar en su verdadero valor las cosas que se ven y las que no se ven, y a comprender cuál es el verdadero objeto de la vida. Considerando así las cosas de este tiempo a la luz de la eternidad, podremos, como Daniel y sus compañeros, vivir por lo que es verdadero, noble y perdurable. Y al aprender en esta vida a reconocer los principios del reino de nuestro Señor y Salvador, el reino bienaventurado que ha de durar para siempre, podemos ser preparados para entrar con él a poseerlo cuando venga (Profetas y reyes, pp. 402, 403).
El estudio del Apocalipsis nos lleva a las profecías de Daniel, y ambos libros contienen enseñanzas de suma importancia, dadas por Dios a los hombres, acerca de los acontecimientos que han de desarrollarse al fin de la historia de este mundo (El conflicto de los siglos, p. 340).
Mientras los hombres le honraban confiándole las responsabilidades del estado y los secretos de reinos que ejercían dominio universal, Daniel fue honrado por Dios como su embajador, y le fueron dadas muchas revelaciones de los misterios referentes a los siglos venideros. Sus admirables profecías, como las registradas en los capítulos siete a doce del libro que lleva su nombre, no fueron comprendidas plenamente ni siquiera por el profeta mismo; pero antes que terminaran las labores de su vida, recibió la bienaventurada promesa de que «hasta el tiempo del fin» —en el plazo final de la historia de este mundo— se le permitiría ocupar otra vez su lugar. No le fue dado comprender todo lo que Dios había revelado acerca del propósito divino, sino que se le ordenó acerca de sus escritos proféticos: «Tú empero, Daniel, cierra las palabras y sella el libro», pues esos escritos debían quedar sellados «hasta el tiempo del fin»… «Y tú irás al fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días». Daniel 12:4, 9, 13.
A medida que nos acercamos al término de la historia de este mundo, las profecías registradas por Daniel exigen nuestra atención especial, puesto que se relacionan con el tiempo mismo en que estamos viviendo. Con ellas deben vincularse las enseñanzas del último libro del Nuevo Testamento. Satanás ha inducido a muchos a creer que las porciones proféticas de los escritos de Daniel y de Juan el revelador no pueden comprenderse. Pero se ha prometido claramente que una bendición especial acompañará el estudio de esas profecías. «Entenderán los entendidos» (Daniel 12:10), fue dicho acerca de las visiones de Daniel cuyo sello iba a ser quitado en los últimos días; y acerca de la revelación que Cristo dio a su siervo Juan para guiar al pueblo de Dios a través de los siglos, se prometió: «Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas». Apocalipsis 1 (Profetas y reyes, pp. 401, 402).