Viernes 29 de marzo – PARA ESTUDIAR Y MEDITAR – ¡ESPERA EN EL SEÑOR!

¡ESPERA EN EL SEÑOR! “¡Espera en el Señor! ¡Esfuérzate y aliéntese tu corazón! ¡Espera en el Señor!” (Sal. 27:14). Viernes:…

 Viernes 29 de marzo – PARA ESTUDIAR Y MEDITAR – ¡ESPERA EN EL SEÑOR!

¡ESPERA EN EL SEÑOR!

“¡Espera en el Señor! ¡Esfuérzate y aliéntese tu corazón! ¡Espera en el Señor!” (Sal. 27:14).

Viernes: 29 de marzo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Elena de White, El camino a Cristo, “Creciendo en Cristo”, pp. 66-75.
Los salmos hacen fervientes llamados a esperar en el Señor“Descansa en el Señor, y espera tranquilo en él” (Sal. 37:7). Cuando la espera nos parezca agobiante, incierta y solitaria, recordemos a los discípulos el día de la ascensión de Jesús al Cielo (Hech. 1:4-11). Jesús fue llevado al Cielo ante sus ojos, mientras que ellos quedaron esperando a que regresara en algún día futuro y desconocido. ¿Habrá alguien que haya experimentado un anhelo más intenso de recibir la bendición de Dios que los discípulos en aquel día? Seguramente anhelaban: “Señor, llévanos contigo ahora”. Sin embargo, se les ordenó esperar la promesa del Padre y el regreso de Jesús. Si pensamos que los discípulos estaban llenos de desesperación y decepción, nos sorprenderemos. Regresaron a Jerusalén e hicieron exactamente lo que Jesús les dijo: esperaron el don del Espíritu Santo y luego predicaron el evangelio al mundo con poder (Hech. 1:12-14; 2). El mandato de nuestro Señor de esperar en él es imposible de cumplir a menos que él haya hecho su obra en nosotros mediante el Espíritu Santo. Ningún entusiasmo humano podrá soportar la tensión que la espera impondrá a nuestro frágil ser. Únicamente una cosa soportará la tensión, y es permanecer en Jesucristo; es decir, cultivar una relación personal con él. “De modo que, si Cristo mora en nuestro corazón, obrará en nosotros ‘tanto el querer como el hacer, para cumplir su buen propósito’ (Fil. 2:13). Trabajaremos como él trabajó; manifestaremos el mismo espíritu. Y así, amándolo y permaneciendo en él, creceremos ‘en todo en aquel que es la cabeza, esto es, en Cristo’ (Efe. 4:15)” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 75). Al seguir esperando en el Señor, encontraremos paz y satisfacción en los salmos. Nuestras oraciones y cánticos son el lugar donde el corazón de Dios y el nuestro se encuentran diariamente.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
  1. ¿Por qué es importante la espera en nuestra vida espiritual? Analiza las experiencias de espera de algunos héroes bíblicos de la fe. ¿De qué manera la espera purificó y fortaleció su fe? (Rom. 4:19-22; Heb. 11).
  2. ¿Cuál es el fin de nuestra espera? (Sal. 37:34-40). Es decir, ¿qué se nos promete cuando todo esté finalmente resuelto? ¿Qué esperanza encontramos en estos pasajes, por ejemplo, acerca de la justicia, que desde tanto tiempo hace falta en esta vida?
  3. En cuanto a la condición de los muertos según la Biblia (Ecl. 9:5), ¿por qué falta poco para que vuelvan a la vida? ¿Qué esperanza podemos extraer de la respuesta?

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